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sábado, setiembre 25, 2021

Cumbre CELAC: entre estadistas y bufones


CUMBRE CELAC: ENTRE ESTADISTAS Y BUFONES

por Guillermo Sicardi | Semanario Búsqueda | jueves 23 de setiembre de 2021.


La CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) surge básicamente del riñón del Foro de San Pablo, con la finalidad de contar con un ámbito de coordinación regional que impulse las ideas (fracasadas) de la izquierda y, de alguna manera, le haga un poco de sombra a la O.E.A.. Ellos mismos lo expresan así: 

“Los mandatarios presentes en la cumbre manifestaron esperanza en que la consolidación de la CELAC pueda suponer la liberación de los países latinoamericanos de la tutela tradicional de Estados Unidos y Europa …”.  

“Urge entonces la inmediata conjunción de esfuerzos … de todos los países de la región con similitudes culturales e idiomáticas … con una historia común de padecimiento de la dependencia y el colonialismo y sobre  todo con situaciones económicas de similar precariedad y amenazadas todas por los mismos grupos financieros depredadores internacionales de nuestras economías”.

Como se puede apreciar, la CELAC no sirve para nada útil ya que está sustentada en las ideas equivocadas de la “dependencia y el colonialismo” donde vivimos bajo “la tutela de Estados Unidos y Europa” que nos chupan la sangre con “grupos financieros depredadores internacionales”. Un militante de pantalón corto podría haber escrito un panfleto menos berreta que éste que figura en la página del Foro de San Pablo 

Estuvo muy bien el presidente Luis Lacalle Pou al dejar al desnudo a los dictadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua y hacerlo cara a cara, con firmeza y con dulzura. Sin enojos ni enconos. Pero con la convicción que la libertad es un bien demasiado preciado como para hacerse los tontos cuanto estos personajes de pacotilla la avasallan.

También hizo muy bien el Brasil de Jair Bolsonaro, al salirse de la CELAC en enero de 2020, así como también antes se había ido de Telesur. Y en ambos casos lo hizo sin eufemismos. Cito declaraciones del ex canciller brasileño Ernesto Araújo:  "Brasil decidió suspender su participación en la CELAC … (porque) no tenía resultados en la defensa de la democracia o en cualquier área. Al contrario, daba protagonismo a regímenes no democráticos como los de Venezuela, Cuba, Nicaragua". Más claro, échale agua.

Es muy bueno que mandatarios democráticos y republicanos como Luis Lacalle Pou en la CELAC y pocos días después Jair Bolsonaro en la ONU, marquen claramente la línea divisoria entre república y republiqueta, entre individuos y colectivos o entre libertad y socialismo. Y hacerlo “sine metu” (sin miedo”), con la convicción de estar defendiendo principios y valores correctos y no jugando a lo políticamente correcto.

Los dictadores Díaz Canel y Maduro, demostraron lo que son: dos bufones repitiendo frases gastadas que hacen reír al escucharlas, pero que hacen llorar a sus pueblos cada vez que aplican tales disparates. ¡Basta de bufones, de dictadores y sus adláteres! Necesitamos más republicanos y más estadistas. ¡A por ellos!.


miércoles, setiembre 08, 2021

Teletrabajo: una ley innecesaria


Teletrabajo: una ley innecesaria 
por Guillermo Sicardi | Semanario Búsqueda | jueves 09 de setiembre de 2021.


“El Derecho, siempre corre de atrás a la realidad”. Esta es una frase que aprendes durante los primeros días en la Facultad de Derecho y significa que los particulares son mucho más creativos y capaces de regular sus relaciones, antes que venga el Estado a encorsetar esa realidad a través de leyes, decretos y regulaciones (muchas de ellas absurdas).

Durante la pandemia, los particulares (empleadores y trabajadores, clientes y proveedores, alumnos y docentes) han llegado a tan buenos acuerdos ganar-ganar, que más del 70% de los “explotados” trabajadores, no quieren volver a las oficinas y prefieren seguir siendo estrangulados por sus abusadores empleadores. Entonces, ¿para que regular lo que ya está -de hecho- más que bien regulado?

El teletrabajo no surge durante la pandemia. Ya en el año 2003 (¡hace casi 20 años!) organicé junto a mis colegas de Magna Alumni (la asociación de posgraduados de la Universidad ORT), un evento donde profesionales del Estudio del Arq. Carlos Ott, explicaron cómo desarrollaban proyectos y ganaban clientes en lugares tan lejanos como Dubai, Tierra del Fuego, París, Emiratos Árabes, Canadá o China. 

La ley aprobada fue elaborada con una mentalidad del siglo XIX para ser aplicada en el siglo XXI. Parte de varios conceptos errados (desde siempre) y que ahora son más errados aún: a) que el trabajador es la parte “débil” de la relación; b) que el trabajador es tan tonto que no sabe lo que realmente necesita y por lo tanto el Estado deber “protegerlo”; c) que considera al trabajador como un mero “engranaje” de un proceso productivo al que hay que pagarle por “hora”, como si fuera un taxi o una máquina que se alquila y no ser evaluado por resultados, por aportar ideas o sugerir mejoras.

Cada vez va a existir menos el concepto de “relación de dependencia”. A los jóvenes les da alergia el solo pensar que van a trabajar toda la vida en la misma empresa, cosa que era el summum hace 50 años, donde el gran “orgullo” de un trabajador era recibir un reloj de oro cuando se jubilaba luego de 35 años de trabajo en el mismo lugar. Hoy los millenials prefieren matarse antes que repetir el modelo laboral de sus abuelos o sus padres.

La ley carga todo costo de trabajar desde el hogar en el empleador: pagarle la internet (como si el trabajador no tuviera una conexión en su casa para mirar Netflix o pasarse horas en Instagram o Tik-Tok). Tiene que comprarle una silla y escritorio “ergonométrico” (como si hoy no se pasara esas miles de horas jugando al League of Legends sentado sobre un cajón de verduras). Y así podemos continuar con medidas de seguridad (como si se quema tomando mate en su casa durante el horario laboral, ¿es un accidente de trabajo o es un descuido que cometió por apurado, torpe o distraído?).

Nada dice la ley de los innumerables beneficios que tiene el teletrabajador (y por eso más del 70% no quieren volver a la oficina), como ser: despertarte 15 minutos antes de empezar la jornada y no dos horas antes; no tener que gastar dinero en traslados, ni perder 40 horas mensuales arriba de un auto o bus (una hora para ir, otra para venir, por cinco días, por cuatro semanas = 40 horas); no gastar ropa ni dinero en comidas fuera del hogar; poder llevar e ir a buscar a los hijos a la escuela; echarse una siestita en tu cama y con tu almohada; trabajar de camisa y corbata (por arriba) y en pijama y pantuflas (por abajo). Y la lista de beneficios puede continuar. 

Yo, realmente, hubiera aceptado un salario menor si me hubieran permitido trabajar a distancia y evitarme todos estos sinsabores. Pero para los legisladores, yo, como empleado, soy una “victima” y me tratan como a un niño inmaduro incapaz de poder negociar mis condiciones laborales ajustadas a mi talla y medida. Nada de individualismo. Nada de “el contrato es ley entre las partes”.  ¡¿Pero acaso no se dan cuenta que el que está más feliz que perro con dos colas soy yo como teletrabajador?!

Para terminar, veamos cómo un liberal resuelve esto sin el Estado. Ayn Rand, la maravillosa filósofa y autora de El Manantial y La rebelión de Atlas, trabajó un tiempo como guionista en Hollywood para Hal Wallis, productor -entre otras- de la película Casablanca. Era un jefe que la atosigaba y exigía plazos muy breves y no le daba “derecho a la desconexión”. Pero Ayn Rand, en vez de recurrir al sindicato, al juez, a la ley o al piquete, prefirió escribirle esta carta a su jefe (de la que extracto algunos párrafos y el texto completo pueden leer en el link ):

“19 de marzo de 1946. Estimado Jefe: Este no es un acuerdo legal, sólo moral. Estas son las condiciones de trabajo que necesito para hacer honestamente el mejor trabajo posible: 1. Tiempo para estudiar un proyecto antes de aceptarlo y no ser lanzada a uno de forma inesperada y repentina. 2. Una larga y detallada reunión a solas contigo antes de empezar un guión, durante la cual me expliques de la forma más completa posible tu idea y cómo piensas abordar la historia. 3. Que no haya plazos semanales mientras estoy trabajando en un guión, dejando a mi criterio el entregar una secuencia tan pronto como la termine. 9. Siempre que tengas algo importante que decirme (como el sábado pasado), por favor dímelo personalmente, no a través de una tercera persona. 10. Si en algún momento estás disgustado por mi actitud personal o sientes que no estoy siendo razonable, o que me estoy volviendo difícil, temperamental o arrogante, por favor llámame inmediatamente y dímelo, para evitar que un malentendido surja a partir de lo que una conversación podría haber corregido. Si esto cuenta con tu aprobación, creo que ambos estaremos contentos y que los resultados se reflejarán en mi trabajo”.

¿Crees que tú y tu jefe son los suficientemente maduros, asertivos y razonables como para llegar a este tipo de acuerdos, o necesitan de “Papá Estado” para que les haga chás-chás en la cola?

Usted decide. Y de su decisión dependerá si la ley aprobada es necesaria o no.



viernes, setiembre 03, 2021

Quitarle lastre a nuestros “remeros” pyme.

Quitarle lastre a nuestros “remeros” pyme.

por Guillermo Sicardi | Semanario Búsqueda | jueves 02 de setiembre de 2021.


Los remeros uruguayos tuvieron un excelente desempeño en las recientes Olimpíadas en Tokio, corriendo la final entre los seis mejores del mundo. Fuimos el único país latino en la final, compitieron de igual a igual con “países de primera” como Alemania, Bélgica, Italia o Irlanda y lo hicieron con un barco similar al resto. La diferencia estuvo y está en lo que marca el artículo 8 de nuestra Constitución: los talentos y las virtudes.

Ahora bien, ¿se imaginan ustedes si al barco de estos dos remeros le cargáramos una bolsa de 50 kg. de cemento Portland de Ancap? ¿Y una estación meteorológica vetusta del Inumet? ¿Y de paso subimos a dos empleados públicos para que “controlen” a los remeros o le den “apoyo”? 

Nada de esto es ficticio. Es real. Tanto los remeros olímpicos, como los comerciantes pyme (que salen a “remarla” todos los días), cargan en sus barquitos el lastre de las pérdidas millonarias de Ancap, del Inumet, del Fondes, de la regasificadora, del Antel Arena, de los trámites burocráticos y de miles de empleados públicos innecesarios.

Con este lastre encima, no sólo no vamos a poder competir con Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos o Alemania, sino que tampoco podremos hacerlo con Paraguay, Estonia, Georgia y también nos pasarán países africanos como Ruanda, Kenia o la diminuta isla de Mauricio.

Estos países han entendido que el empresario no es un “explotador” sino un “benefactor” de la sociedad (al arriesgar su dinero, ofrecer servicios de mejor calidad y precio y generando empleo y pagando impuestos mientras trabaja de sol a sol) y por ello han establecido buenas reglas para facilitar su actividad.

El pasado martes 31 tuve el placer de compartir con el Dr. Gerónimo Frigerio (abogado argentino, especialista en desarrollo, con vasta experiencia internacional y autor del libro “Simple”) un webinar sobre el rol del empresario en la sociedad y la importancia de hacerle simple su labor, desde la apertura de una empresa, la contratación de trabajadores (y su despido), así como el registro de derechos de propiedad o la rapidez en aprobar un permiso de construcción. 

Estos datos los lleva el Ranking Doing Business del Banco Mundial, donde Frigerio participó en su armado y varios años después, en el 2020, escribió el libro “Simple”, donde detalla con precisión milimétrica, los cambios que tiene que hacer Latinoamérica para entrar en una senda de crecimiento sostenido, facilitando la creación y desarrollo de las Mipymes.

Estas micro, pequeñas y medianas empresas, son más del 90% de las empresas registradas, contrataran actualmente al 60% de la mano de obra y son las que van a contratar más en el futuro cercano, porque las empresas grandes van a ir más por la automatización y robotización que la escala de una Mipyme no permite y por eso tienen que contratar gente, no máquinas.

Frigerio habla de generar un “el efecto triple cero”: cero tiempo en abrir una empresa, cero costo, y cero papeleo (que todo sea por el celular). Lamentablemente esto no es así. Y tiene consecuencias: las malas (y/o caras) regulaciones, hacen que casi el 50% de las economías latinas se muevan  en la informalidad, porque volverse formal implica costos de abogados, escribanos, contadores, pérdidas de tiempo por la burocracia y pago de altos impuestos que inviabilizan la rentabilidad. Por eso vuelan debajo del radar.

Que Uruguay mejore en este ranking, no depende más que de nosotros mismos. Pero eliminar burocracia, controles absurdos o impuestos altos, no será fácil. Hay una casta de políticos, empresarios y sindicalistas que viven a la sombra de esta enredadera.

Por eso quienes tienen que reclamar estos cambios, serán los propios empresarios y la sociedad civil que entienda su rol clave para el futuro. Porque el futuro no es mañana, ¡es ahora!






sábado, agosto 14, 2021

Combustibles que calientan a un pueblo.


Combustibles que calientan a un pueblo.
Por Guillermo Sicardi | jueves 12 de agosto de 2021 | Semanario Búsqueda

El alto precio de los combustibles que padece el Uruguay desde hace décadas, no es por culpa del precio del petróleo, de la tortuosa “paramétrica” y ni siquiera de la “joya de  la abuela”  de Ancap. La culpa es de una manga de políticos del primero al último, que no se animan a hacer las reformas estructurales que todos sabemos hay que hacer.

Ancap nunca debió haber existido. No tiene sentido que el Estado arriesgue en actividades industriales y comerciales que pueden hacer los privados en forma más eficiente. La lírica idea de José Batlle y Ordóñez era que, si las mal llamadas “empresas públicas” ganaban dinero, los ciudadanos pagaríamos menos impuestos. Pobre iluso. La triste historia fue exactamente al revés: los ciudadanos tenemos que trabajar miles de horas extras para pagar los dislates de políticos medio pelo, sindicalistas abusadores y empresarios prebendarios.

Ancap es la punta del iceberg de una estructura gigantesca de mal uso de fondos públicos. Por eso hizo bien el gobierno en dejar al rey desnudo y mostrar los sobreprecios que hay en cada litro de combustible: subsidio al boleto capitalino (que beneficia a empresas con nombre y apellido); la imposición de usar etanol de la ineficiente Alur (otro engendro para pagar favores a la memoria de Raúl Sendic padre y sus cañeros de la UTAA, cuna del Movimiento Tupamaro); un subsidio al supergás (que directa o indirectamente beneficia a tres empresas privadas oligopólicas); y también es usada para cobrar impuestos encubiertos a través de las tarifas (que no pasan por la iniciativa privativa del Poder Ejecutivo, ni la aprobación del Parlamento). Por eso se debería “acabar este recreo” cuanto antes. 

Además, Ancap nunca va a ser eficiente por un tema de economías de escala. La refinería de La Teja es chica y como el negocio de refinar petróleo crudo es un commodity, existen dos condiciones que a Ancap se le hará muy difícil (cuando no imposible) poder cumplir para que cierren sus números: refinar grandes volúmenes y lograr mucha eficiencia. 

Tan es así, que pocos días atrás, la refinería de Marsden Point en Nueva Zelanda (casi tres veces más grande que la nuestra y varias veces más eficiente) anunció que dejará de refinar petróleo crudo y se dedicará exclusivamente a importar productos terminados desde Asia. Allí rige un sistema de libre competencia y libre importación, pero nadie teme a quedarse sin combustibles, como sí temen por estos lares.

Tampoco los paraguayos temen a tan nefasto designio. Dejaron de refinar petróleo hace años; desde el 2018 hay libre competencia en toda la cadena de suministro y los precios ya no los fija el gobierno sino el mercado. ¿Será así porque los paraguayos se volvieron más ilustrados y más valientes que nosotros? Ellos pagan el gasoil a unos $U 34,40, nosotros a $U 50,81 (32% menos). 

La pregunta a hacerse es: si no existiera la refinería y no estuviéramos atados a un pasado de discursos rimbombantes, falsas promesas y compromisos varios, ¿a quién se le ocurriría hoy construir una refinería de combustibles fósiles cuando el mundo va hacia las energías renovables y nosotros carecemos de petróleo y nos sobran energías limpias? 

Quienes se oponen a terminar con el monopolio de Ancap, se oponen a darle libertad de elección al consumidor. Esta misma gente critica a los dictadores cubanos por no abrir la jaula de la isla, sabedores que se les vuelan todos los cubanos. Aquí saben que si abren la jaula de la libre importación, a Ancap se le pueden volar varios litros de combustibles. Pero como ello implica que la política se quede sin cargos, sin ingresos y sin influencias … mejor dejar la jaula cerrada.

El precio de los combustibles bajará cuando se achique -en serio- el costo del Estado (ya que casi la mitad del precio en el surtidor, son impuestos). Es lo que está reclamando el movimiento social Un Solo Uruguay (USU) que se volvió a auto convocar el pasado sábado en Durazno, emitiendo una declaración que dice: “Se sigue identificando la necesidad de revisar el Estado, su rol y funcionamiento. Hoy continuamos sufriendo un Estado pesado y débil en sus políticas de desarrollo”.

Si a los miembros de la coalición multicolor no los “une el amor” por modernizar el Estado, que entonces los “una el espanto” de ver lo que sucede cuando un Macri gradualista no está a la altura de las circunstancias. 

Si Jorge Luis Borges reviviera y viera a su Argentina en esta decadencia, el espanto lo retornaría a su tumba. Si José Gervasio Artigas reviviera y viera a los orientales tan poco ilustrados y tan poco valientes, seguramente se volvería a ir al Paraguay, donde tantos de sus hijos lo han seguido en los últimos años.

Guardo la esperanza que algún día los uruguayos nos vamos a avivar y otro día nos vamos a animar a hacer estos cambios. También guardo la esperanza que esos días no lleguen demasiado tarde.

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Comentario de esta columna en Radio Rural lo puede esuchar en este link
https://soundcloud.com/guillermo-sicardi/combustibles-que-calientan-a-un-radio-rural-2021-08-13-guillermo-sicardi





 



jueves, agosto 05, 2021

MEDIA LANZA POR ANDRADE

 
MEDIA LANZA POR ANDRADE

Por Guillermo Sicardi | jueves  de 2021 | Semanario Búsqueda

El 23 de enero de 2014, escribí en Búsqueda la columna titulada “Una lanza por Campiani”,Una lanza por Campiani destacando la exitosa gestión gerencial del denostado empresario argentino, cuando todos le pegaban en el piso. El tiempo me dio la razón: a Pluna no la fundió Campiani, sino un Estado meterete, con los combustibles de Ancap tan caros como ahora, más las trabas del gobierno kirchnerista (tan “amigo” del gobierno frenteamplista de Mujica), que impidieron la ejecución plena del buen plan de negocios que venía ejecutando.

Hoy también resulta fácil pegarle al senador Oscar Andrade por no haber pagado ni mano de obra, ni aportes al BPS, ni planos, ni impuestos municipales al construirse su buena casa (no “un rancho” como él dice) arguyendo que es un “pobre albañil” con bajos ingresos y que dona la mitad de los mismos a su partido y obras de caridad. No voy a detenerme en la doble moral de Andrade, porque ya todos sabemos lo que es la doble moral de cualquier comunista/socialista/estatista: “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.

Voy a quebrar -no una lanza, sino media- por Andrade. Tiene razón cuando dice que a cualquier trabajador de ingresos bajos o medios, le resulta muy difícil -cuando no casi imposible- poder construirse su propia vivienda y regularizarla ante los organismos del Estado, por culpa de los altos costos, tiempos y burocracia que ello implica.

Lo que no dice Andrade (y casi ninguno de quienes lo critican por su inconducta), es que esas trabas y sobrecostos son creados por su propio Partido Comunista, por las ideas socialistas que campean en todos los partidos políticos, dándole al Estado cada vez más poder, más controles, más empleados públicos y más costos, que hacen inviables muchos emprendimientos “en blanco”.

Andrade, que presiona desde el SUNCA y el PIT-CNT a empresarios y ciudadanos (grandes, medianos, chicos y chiquititios) a que contraten más mano de obra, a que paguen 80 pesos de aportes por encima de los 100 que se lleva el trabajador, a que vayan presos si un obrero se accidenta y decenas de exigencias más, no ha pagado un solo jornal, ni creado un solo puesto de trabajo, arguyendo que todo lo hizo bajo la modalidad de “mano de obra benévola”. 

¿La culpa es de Andrade o de la legislación absurda que exige papeleos, trámites y burocracia? ¿Qué valor agregado creen que agrega un inspector del BPS, bomberos o  cualquier intendencia para que la casa sea más segura, más cómoda o más barata? 

¿Qué tal si eliminamos a los Escribanos Públicos del medio y los sustituimos (en el 80% de los casos) por la Blockcain y ...¿chau Escribanos?? ¿Qué tal si cerramos de una vez por todas la división portland de Ancap y con eso abaratamos el precio del cemento? ¿Qué tal si cerramos decenas de organismos públicos, oficinas y reparticiones inútiles y bajamos los impuestos a los hierros, los ladrillos o la grifería para un hogar?

El Ranking Doing Business del Banco Mundial muestra con “datos duros”, la facilidad o dificultad de hacer negocios en 190 países (y construirte tu propia casa es hacer un negocio). El ranking mide los tiempos, trámites y costos que se insumen desde abrir una empresa, hasta su cierre, pasando por el registro de la propiedad, contratar y despedir trabajadores o registrar un permiso de construcción.

En el ranking global, Uruguay figura en el lugar 101, bien a mitad de tabla, ese triste y gris lugar donde los yoruguas nos sentimos tan cómodos. El ranking lo encabeza Nueva Zelanda, ese país tan parecido al nuestro en tamaño, producción lechera o turismo, pero tan diferente en cuanto a su gestión de la cosa pública y a la mentalidad de su gente y sus gobernantes.

En el específico rubro de “manejo de permisos de construcción”, Uruguay figura en el lugar 151 entre 190  países evaluados. Somos de los peores de la clase. 

Si queremos aprender algo de este “AndradeGate” y “castigar” a los responsables, repartamos los “palos” en forma más justa: yo le daría 20 azotes a Andrade, pero los otros 80 se los daría a ese Estado soso, pesado, burocrático, inútil y caro, que Andrade, su PIT-CNT, su Frente Amplio y también vastos sectores del Partido Colorado, de Cabildo Abierto, del Partido Independiente y hasta del propio Partido Nacional, ayudan a alimentar, mantener o crecer. 

Por eso lo del título: levanto media lanza por Andrade. Pero también levanto una lanza entera por los miles uruguayos de bien que terminan siendo víctimas de un Estado, que en vez de ser parte de la solución, es la parte más importante del problema.


domingo, agosto 01, 2021

Tranquilos, todo se arregla con más impuestos.

Tranquilos, todo se arregla con más impuestos.

Por Guillermo Sicardi | jueves 29 de julio de 2021 | Semanario Búsqueda


¡Qué lindo es ver la bandera uruguaya flamear en los juegos olímpicos! ¡Qué alegría nos da cuando un uruguayo se cuelga una medalla en su henchido pecho! No importa que jamás en nuestras vidas hayamos visto a un remero, un judoka o un corredor de atletismo. No importa que no conozcamos las reglas básicas de tales deportes y menos aún, que alguna vez hayamos pagado una entrada para asistir a tales competencias. A la inmensa mayoría les importa un bledo la existencia de estos deportes pero sí les parece fantástico que se cree un nuevo impuesto para financiar a deportistas de alto rendimiento.

Apoyar a tales deportistas es (sin duda) una noble causa. Ahora, si es una causa tan altruista, ¿por qué no apelar al aporte voluntario de cada ciudadano? Y siendo así, ¿cuántos nuevos impuestos nos esperan para financiar otras tantas nobles causas como proteger animales indefensos, bosques nativos, emprendedores sociales o “personas menstruantes”? La lista puede ser infinita, pero los recursos financieros jamás lo serán.

Para estos casos se puede recurrir a plataformas como Change.org, Patreon, Kickstarter u otros mecanismos de recaudación voluntaria, para lo cual contamos con una moderna ley de crowdfunding. De hecho, en países como Estados Unidos, existen carreras universitarias y cargos gerenciales muy bien remunerados para hacer fundraising  y conseguir dinero para organizaciones sin fines de lucro muy variadas.

Otra iniciativa más descabellada que la anterior, es la de un grupo de mujeres que redactaron un proyecto de ley para obligar a los comercios a incluir talles especiales para todos los tamaños de cuerpos, bajo el argumento que se sienten “discriminadas” y que tienen el “derecho a la vestimenta” y así poder “elegir qué ponerse”. ¿Y quien le asegura al comerciante que venderá esos vestidos? ¿Acaso el comerciante no puede sentirse también “discriminado” porque nadie le compra tales talles?

Que estas personas hagan como hacía mi madre: iba hasta el quiosco, se compraba la revista BURDA, calcaba los moldes del vestido que le gustaba sobre papel manteca y sobre la mesa de la cocina cortaba la tela y se fabricaba su propia ropa. No lo hacía por tener un cuerpo especial, sino por tener un monedero especial: era demasiado chico como para comprarse un vestido de confección. Jamás la escuché quejarse, sino todo lo contrario. Disfrutaba al hacerlo y desarrolló una habilidad que perfectamente pudo convertirla en un negocio. Lo mismo deberían hacer estas cinco mujeres en vez de exigirle a otros que compensen sus falencias.

Quienes votaron a la coalición multicolor lo hicieron porque querían salirse de políticas “zurdópatas” y estatistas para ir hacia iniciativas que promuevan la libertad, el libre mercado y un Estado más chico. Pero parece que no es así. Todos compiten para mostrarse tan progresistas como los progresistas y así “vivir revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos”.

Como bien dice el economista español Daniel Lacalle: “¿Por qué ciertos políticos prefieren dar subvenciones a bajar los impuestos? Porque la rebaja fiscal da poder a la sociedad civil y las subvenciones dan poder al Estado”. Ya lo ven. Hacer política es bien fácil:  todo se arregla con más impuestos. ¡Eureka!.

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Aquí el link al comentario de esta columna en Radio Rural 
https://soundcloud.com/guillermo-sicardi/tranquilos-todo-se-arregla-con-mas-impuestos-radio-rural-30-7-2021 

viernes, julio 23, 2021

 


Depresión en la empresa: la pandemia oculta.

Por Guillermo Sicardi | jueves 22 de julio de 2021 | Semanario Búsqueda

El suicidio del futbolista Williams Martínez (38 años, casado y 3 hijos), volvió a poner el tema de la depresión sobre la mesa. De acuerdo a información de la Fundación Cazabajones existen en Uruguay más de 600.000 personas con depresión, pero el 80% no están diagnosticadas. La depresión es un flagelo personal, pero también familiar, laboral y social. Y una de las causas que llevan a la depresión es el stress laboral;  una verdadera y enorme pandemia, pero oculta.

Todavía la mayoría de la gente ve a la depresión como una “debilidad”, por lo que tratan de ocultarla a sí mismos y a los demás. Pero los síntomas están allí, son visibles, como lo es la punta de un iceberg, sabiendo que su gran masa está bajo la superficie. 

Los síntomas más visibles de una persona que está pasando por un momento de depresión son las dificultades para dormir (insomnio o dormir en exceso), bajos niveles de concentración, sentimiento de culpa, fantasías con la autoeliminación, comentarios negativos frecuentes, alteración del apetito (con incremento o pérdida de peso), falta de interés en actividades de todo tipo,  caída en la autoestima (se siente incapaz o inútil), una visión desesperanzadora sobre el futuro o irritabilidad. Y todo esto termina muchas somatizándose en padecimientos físicos como contracturas, malestares estomacales y hasta cáncer.

Si bien el problema de la depresión puede ser multicausal (factores genéticos, psicológicos, edad, etc.), el entorno en que se mueve esa persona juega un rol clave. Primero, el círculo más cercano de familiares y amigos, ya que el ser humano es un ser gregario que necesita del contacto y del afecto de otros. Y también el ámbito laboral, que es - a mi entender- tan importante (o más) que los anteriores.

Lamentablemente estamos acostumbrados a ver al trabajo casi exclusivamente como una carga necesaria para poder vivir (o sobrevivir) y no como un ámbito de interacción social, aprendizaje y crecimiento personal. El ex decano de la facultad de medicina, Fernando Tomassina, declaraba hace años en una entrevista que “el trabajo es un eje estratégico para generar salud y bienestar”. Lamentablemente pocos lo viven así: el estudio State of the global workplace de Gallup, muestra que el 70% de los empleados -en Estados Unidos-, no están entusiasmados con su trabajo. En países subdesarrollados el ratio es peor.

A nivel empresarial -y en especial a nivel de los ejecutivos- la depresión tiende a ocultarse más, ya que un “buen ejecutivo” no puede mostrar signos de debilidad. Tiene que ser un “macho alfa” y, como dice el tango Tomo y obligo “fuerza canejo, sufra y no llore, que un hombre macho no debe llorar”. Tan es así, que el 80% de los suicidios los cometen los hombres (un dato interesante para las feministas).

El psiquiatra Dr. Pedro Bustelo, presidente de la Fundación Cazabajones,  nos dice de la importancia del trabajo como organizador de rutinas positivas para las personas. También cree que es necesario incluir el tema de la depresión en la currícula estudiantil ya que es la enfermedad cerebral más frecuente y que se cobra la vida de cientos de personas anualmente. Infelizmente, Uruguay es un “campeón mundial” en esta triste disciplina.

Por lo tanto, si queremos menos suicidios, menos consumo de drogas, menos gastos en salud, mejor productividad y, sobre todo, una sociedad más feliz y con una visión más esperanzadora del futuro, gobernantes, empresarios y sindicalistas, tendrán que liberar al máximo todo tipo de restricción al trabajo. Las personas que quieran trabajar, que lo hagan. No importa si cobrarán aguinaldo, salario vacacional o gozarán de eternas licencias sindicales. Primero, el empleo; luego, la calidad del mismo. Sepan poner primero lo primero.








 


Argentina, el socio indeseable.

Por Guillermo Sicardi | jueves 15 de julio de 2021 | Semanario Búsqueda

Elegir un buen socio de negocios es cosa seria. Generalmente caemos en la trampa de asociarnos con amigos, con quien pone el dinero que no tenemos o para complementar habilidades o conocimientos; pero dejamos en un segundo plano lo que, a la postre, termina siendo el factor más importante: el compartir valores, tener empatía mutua y la confianza de saber que se va hacia un destino común. Argentina puede ofrecer mucho de lo primero, pero poco de lo segundo.

Nos asociamos con Argentina por creer que no teníamos otra alternativa. Son nuestros vecinos y siempre lo serán. Son nuestros “hermanos” y siempre lo serán. Y es mucho más cómodo hacer negocios con vecinos y hermanos … siempre que se comporten como buenos vecinos y buenos hermanos y nos cierren los puentes durante cuatro años. 

Los políticos argentinos (desde hace casi un siglo), se manejan por el mundo con la brújula equivocada: política de sustitución de importaciones (para defender una industria nacional que termina siendo prebendaria e ineficiente), un Estado presente no financiable y una trama de poder y mafias sindicales que corrompen cualquier iniciativa.

Como bien dice el Ec. Javier de Haedo en Twitter: “Argentina no va a acompañar políticas sensatas a nivel Mercosur, cuando solo desarrolla políticas insensatas en el frente interno” y para muestra, estos botones: súper cepo al dólar, permisos y cupos para exportar e importar, para obtener divisas, para ingresar al país y hasta para para vacunarse contra el Covid. Prohibición para despedir empleados (o pago de doble indemnización), prohibición para girar utilidades al exterior, control de cambios, control de precios a nivel de almacenes y supermercados, control del nivel de producción y de stocks, inflación de más del 40%, pobreza de más del 50%, más de 120 impuestos y 69.000 regulaciones. No pagan sus deudas (van por el noveno default), no tienen crédito externo, el riesgo país está por los 1600 puntos (cuando el de Uruguay es de 130) y la calificadora de fondos de inversión MSCI Morgan Stanley Capital International acaba de rebajarle dos escalones su calificación financiera, pasando de ser "mercado emergente" a "stand-alone", una suerte de “paria” internacional.

Tiene razón el presidente Alberto Fernández: no los queremos como lastre. Uruguay, flexibilizando las reglas del Mercosur (o directamente saliéndose del mismo), seguramente le vaya mucho mejor haciendo acuerdos de libre comercio con otros países del mundo, ya que nuestras exportaciones al bloque son cada vez menores y con una balanza comercial deficitaria.

Como si todo esto fuera poco, tenemos a una Argentina que sí se asocia a las posturas de Cuba, Venezuela, Nicaragua o Irán, reafirmando aquel sabio refrán que dice: “dime con quien andas y te diré quien eres”.

El presidente Lacalle Pou ha hecho muy bien en poner el tema arriba de la mesa. Será una jugada riesgosa pero con grandes chances de ganar. Quedarse quieto es una jugada segura, como seguro será nuestro fracaso si seguimos atados a este tipo de aliados.


sábado, julio 10, 2021

FRIOPAN Y LA IRRESPONSABILIDAD SINDICAL


FRIOPAN Y LA IRRESPONSABILIDAD SINDICAL
Por Guillermo Sicardi | jueves 8 de julio de 2021 | Semanario Búsqueda


Durante la ocupación sindical a la empresa Friopan en mayo de 2019, uno de los ocupantes declaró ante el fiscal penal Carlos Negro: “Yo tuve la orden de que se pudra todo y el sindicato dispuso que se cerraran las puertas de la planta”. Y tal acción fue todo un éxito: en tan solo cuatro días, el sindicato le ocasionó pérdidas a la empresa por unos U$S 20.000 en mercadería y mal cuidado de las máquinas.

Lo interesante es analizar las causas de tal ocupación: “La ocupación se desató por un rumor entre los trabajadores de que la empresa iba a impulsar una reestructura que generaría despidos. También se mencionó como motivo de la movilización la adquisición por parte de la empresa de una máquina que haría el trabajo de 10 obreros”, según cita El País analizando el expediente judicial.

Pero esto no es nuevo para los uruguayos. A fines de 1953, durante el gobierno de Luis Batlle Berres y para poner fin a un conflicto sindical provocado por unos despidos en una empresa textil que había comprado maquinaria nueva que sustituiría mano de obra, se prohibió la importación de maquinaria sin la previa autorización del Consejo de Gobierno, con el objetivo de “mantener las fuentes de trabajo”. Gracias a estas políticas “proteccionistas” hoy no queda industria textil en Uruguay.

El daño que provocan estas ideas socialistas-estatistas-progresistas de evitar el avance tecnológico y la mayor productividad porque amenazan puestos de trabajo, es mucho más grave que las pérdidas materiales que ocasiona cualquier paro y, además, están equivocadas.

Durante décadas se culpó a la revolución industrial en Inglaterra, allá por los años 1800, que el régimen de libre mercado llevaba a la explotación de los obreros en las fábricas y que la tecnología (por ejemplo los telares) dejaban sin trabajo a miles de artesanos. Lo que no dicen es que gracias a ese aumento enorme de la productividad, los abrigos se abarataron y millones de personas (que antes pasaban frío) ahora podrían abrigarse mejor. Y si bien es cierto que las condiciones laborales eran espantosas (a nuestros actuales ojos del año 2021), piensen que la opción a las fábricas era vivir como campesinos, en peores condiciones aún.

Pero lo mejor de todo esto, es que en muy pocos años, todos esos trabajadores mejoraron notablemente sus condiciones de vida, como no las habían tenido durante siglos bajo regímenes estatistas (monárquicos), donde estaba todo controlado por el rey, hoy suplantado por el Rey Estado.

Ni el sindicato ni los sindicalistas quieren hacerse cargo de los daños causados a la propiedad privada de los dueños de la empresa Friopan, porque sencillamente no creen en la propiedad privada. El fiscal Negro le pregunta a un ocupante que hubiera hecho él con la mercadería que se terminó pudriendo y respondió: “Si ya estaba cocinada, trataría de repartirla entre nosotros para que no se echara a perder. O terminaría el ciclo (de producción) y repartirla”. Y el fiscal le pregunta:¿Pero si esa mercadería no es suya. ¿Cómo la va a repartir?

Mientras los empresarios son responsables civil y penalmente por sus acciones laborales, los sindicalistas parecen no serlo ni por unas, ni por otras. Una ecuación que la ley y la justicia deberán corregir a la brevedad. 


martes, julio 06, 2021

¿IMPORTA LA CALIDAD DEL EMPLEO?

¿IMPORTA LA CALIDAD DEL EMPLEO?

Por Guillermo Sicardi | jueves 1 de julio de 2021 | Semanario Búsqueda


Casi todo el mundo quiere tener un empleo que le brinde buenos ingresos, estabilidad, desarrollo personal y seguridad. ¿Pero cuántas empresas pueden asegurar todo esto? Prácticamente ninguna. Sin embargo, las exigencias por empleos con cada vez más beneficios, no para de crecer, y tal acción, termina perjudicando a los propios interesados.

El monitor laboral que lleva la consultora Advice nos dice que “en los últimos meses hay un corrimiento en la demanda de trabajo hacia perfiles más calificados. En años anteriores aproximadamente el 60% de los cargos solicitados eran sin o de escasa calificación, pero  hoy menos del 40%”.

El propio Ministro de trabajo, Dr. Pablo Mieres, comentó que lo cursos y capacitaciones que brinda el Estado para facilitar la reinserción laboral de los desocupados, debería orientarse más hacia lo que los empresarios realmente están contratando, qué perfiles y qué habilidades requieren.

Pero tales habilidades no se adquieren con sólo asistir a unos cursos, y aún así, eso toma tiempo, por lo que la dificultad en conseguir empleo va a continuar e incluso a crecer. Muchos de estos puestos de trabajo de la base de la pirámide organizacional, o  desaparecen o son sustituidos por tecnología y robótica.

La única manea de crear empleos genuinos es con inversión genuina, esto es: inversión realizada por particulares, no por el Estado y menos aún con el Estado endeudándose más aún para hacer obra pública o con programas del tipo “empleo solidario”, que todos sabemos es un subsidio cubierto con un manto de integridad moral, ya que demanda una contraprestación o tarea a cambio.

Para que estos inversores vengan (o los muchos que ya están aquí y se animen a invertir más), no podemos ponerles barreras burocráticas, impositivas, laborales o sindicales. 

Es inconcebible que se haya parado la construcción de la planta de UPM (que da trabajo a miles de personas y del que participan unas 300 empresas de todo porte como proveedores), porque hubo un problema con un capataz de una de esas empresas.

Tampoco se generará más empleo para los menos calificados, si se mantiene la rigidez de las normas laborales y sea imposible negociar las decenas de beneficios laborales. La opción que se ofrece es todo o nada. Y la respuesta que está dando el mercado es: nada.

La falta de empleo, el aislamiento por causa de la pandemia y las nublosas expectativas futuras, han traído un problema no menor: la depresión y aumento de suicidios.

Por lo tanto, no hay que ver al empleo solamente como un ingreso económico, sino como un lugar de socialización, de experimentación, aprendizaje y realización personal. Y ante todas estas ventajas y en estos momentos tan complejos, cualquier desocupado preferirá un empleo “frágil” a un no empleo. La calidad de ese empleo, no la fijarán las leyes y decretos, sino el mercado. Primero, lo primero.



viernes, junio 11, 2021


Abierto de lunes a domingo, de 8 a 22 hs.

Por Guillermo Sicardi | jueves 10 de junio de 2021 | Semanario Búsqueda


“Abierto de lunes a domingo de 8 a 22 hs. Los esperamos”. Esto es lo que dice una pizarra en la puerta de un pequeño almacén del barrio La Comercial con el que me crucé de casualidad hace pocos días. Este “simple” cartel muestra la gigantesca diferencia que existe entre los que piden renta básica universal, quieren laburar seis horitas por día y que les aseguren salario, licencias y miles de beneficios más, frente a los que procuran mejorar su vida en base al propio esfuerzo y riesgo.

Este comerciante trabaja todos los días, de lunes a domingo, de 8 a 22 horas. Sin dudas que es un "explotador", pero de sí mismo. Lo cierto es que el verdaderamente explotado es él: lo explotan el Estado (con impuestos, trámites inútiles e inspectores de minucias) o el mal sindicalismo, cuando confunde derechos laborales con abusos de derecho. 

Ya lo dijo Richard Read en su discurso del 1ero de mayo de 2013: “Tenemos que mirar primero para dentro del sindicato. No podemos estar de acuerdo con el ausentismo laboral. No podemos estar de acuerdo con el que no va a laburar o va a laburar, y, la verdad, hace como que labura. ¡No quiero al atorrante, al vago al lumpen!. No quiero eso en mi sindicato; quiero laburantes”. Lamentablemente la prédica de Read poco ha calado en el grueso del sindicalismo uruguayo.

Volviendo a nuestro comerciante que sí “labura” en serio de 8 a 22: si la vida es justa con él, en algún momento va a “tener más", por la sencilla razón que “hace” más y porque “es” más (más emprendedor, más arriesgado, más esforzado) que el resto de los mortales. 

Pero cuando llegue ese día, vendrán los saqueadores defensores del populismo a robarle gran parte de su esfuerzo con el cuento de la “justicia social”, quitándole a los “ricos” para dárselo a los “pobres”. ¿Pobres de qué? ¿De dinero o de espíritu? ¿De pertenencias materiales o de buenos hábitos? ¿De falta de oportunidades o de desaprovechar oportunidades?

Este comerciante (como tantos otros miles), tiene grabado otro cartel, pero no en una pizarra sino en su mente, y dice así: "Hay orden de no aflojar". Y es un cartel que lee él mismo pero también sus clientes, sus hijos o vecinos que se auto imponen orden de no aflojar en el estudio, en el trabajo, en el cuidado de uno mismo o en el afán de concretar algún proyecto. No es nada fácil hacerlo. Pero ellos nos muestran que es posible.

De estos ejemplos está plagado nuestro país, pero como no se conocen ni se difunden lo suficiente, es como que no existen. “Ojos que no  ven, corazón que no siente”.

Esta tipo de foto que tomé al pasar y el conocer las peripecias de vida de estos comerciantes, deberían ser publicadas por los medios de prensa, figurar en todo libro de estudio de alumnos escolares y liceales y debería ser una tarea fundamental de las Cámaras Empresariales, para defender la imagen y labor de sus propios socios y dar la batalla cultural por la iniciativa individual y el libre mercado, como los mejores pilares probados para sacar a la gente de la pobreza y elevar el estándar de vida de todos los ciudadanos, no sólo de los empresarios.

El domingo pasado, casi en frente al predio de Los Aromos, otro almacén de barrio con un cartel similar: “Abierto de 6 a 24”. Es así que se sale de la pandemia, de la pobreza y de la informalidad: trabajando; no haciendo paros, ni pidiendo subsidios bajo un régimen de cuarentena cuasi militar. Estos ejemplos de esfuerzo y tenacidad, son el antídoto para terminar con los vagos, los lumpen y los atorrantes, que menciona Read. 

Por eso quiero decirles a estos comerciantes y a todos los de su especie: ¡Gracias!




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sábado, junio 05, 2021

Empleos públicos: “Esto es un desastre”.


Empleos públicos: “Esto es un desastre”.

Por Guillermo Sicardi | jueves 03 de junio de 2021 | Semanario Búsqueda

“Esto es un desastre. Estos números son un escándalo”, afirma Conrado Ramos, director de la Oficina Nacional del Servicio Civil,  al analizar los resultados de la Primera encuesta de capacidades de los funcionarios de la Administración Central para las políticas públicas, realizado con la asistencia técnica del Global Survey of Public Servants y del equipo de Bureaucracy Lab del Banco Mundial.

De todos los empleados públicos encuestados, “solo el 2,3% se encargan de planificar, asesorar y evaluar políticas. No hay un control de resultados de políticas públicas. Y solo 5,2% hace tareas de asesoramiento, lo que quiere decir que el asesoramiento está concentrado en el personal político, de confianza, y no en el servidor público de carrera. Esto se suponía, pero la evidencia empírica ahora lo corrobora”, comenta Ramos al diario El País.

Max Weber pensaba la burocracia como una forma de organización imparcial, profesional y efectiva, que no quedara sujeta a los cambios de gobierno, sino que les diera cierta estabilidad a las políticas públicas, en base a decisiones racionales y bien fundamentadas. Pero su idea original se ha ido desvirtuando, convirtiendo al Estado en un fin en sí mismo y en una gran oficina de colocaciones.

De la encuesta surgen datos interesantes, como que los propios funcionarios públicos (en altos porcentajes)  son conscientes que la sociedad valora muy poco su trabajo; tampoco se sienten valorados por sus jefes directos, ni por el sistema político en general

Cuando se les consulta qué consideran qué pesa más para ascender de cargo, si el mérito y el desempeño individual o el relacionamiento con las autoridades, las respuestas se dividen casi en mitades. Todavía queda un enorme trecho por recorrer para que el amiguismo o el contar con un “padrino”, pese tanto en la carrera funcional.

El Estado uruguayo ha crecido demasiado y si bien muchas oficinas públicas se han aggiornado en tecnología, capacitación y calidad de atención, otras siguen atadas al pasado. 

Pero esto no ha de sorprendernos.  Si leemos una carta escrita por el barón Frédéric-Melchior Von Grimm (un destacado intelectual en su época), fechada el 15 de julio de 1765, veremos que el problema de la burocracia ya tiene más de 250 años. 

Dice Von Grimm: "El verdadero espíritu de las leyes en Francia es el de aquella burocracia de la cual el fallecido Sr. (Vincent) De Gournay  se quejaba tanto; aquí las oficinas, los funcionarios, secretarios, inspectores e intendentes no son nombrados en sus puestos para beneficiar el interés público, en realidad parecería que el interés público ha sido instaurado para que las oficinas puedan existir".

Esta encuesta aporta más elementos para que todos tomemos conciencia de la necesidad de hacer cambios en el Estado que se vienen postergando desde hace mucho tiempo, aprovechando el impulso que Conrado Ramos pueda darle desde la O.N.S.C., ya que es una persona que conoce del tema, tiene gran experiencia y todo indica que está comprometido a ser parte de “la madre de todas la reformas”. ¿Se hará esta vez?

 

miércoles, mayo 26, 2021

Peajes y orden de no aflojar.


Peajes y orden de no aflojar.
Por Guillermo Sicardi | jueves 27 de mayo de 2021 | Semanario Búsqueda



Hace pocos días El Observador titulaba: Fin del cobro manual de peajes: anuncian retiro “paulatino y coordinado”, lo que despertó la reacción inmediata del SUNCA y el PIT-CNT cuya consigna es: “por la defensa de los puestos de trabajo”, no importa si éstos agregan valor o lo restan.

Un enorme error en el que la izquierda cae una y otra vez, es en creer que hay que defender “el puesto” de trabajo, en vez de defender a la “persona” que ocupa ese puesto. Así dan pelea para mantener cajeros de banco, guardas de ómnibus, pisteros de estaciones de servicio o cobradores de peaje, todas actividades que van quedando obsoletas ante el avance de la tecnología. Basta releer el trabajo de la Universidad de Oxford, The future of employment (2013), donde proyectan que el 47% de las tareas laborales que realizamos hoy los humanos, serán remplazadas por software, robótica o nuevas tecnologías.

Defender puestos de trabajo obsoletos (como los mencionados) lo único que hace es encarecer el costo de vida de los uruguayos y, por ende, el famoso “costo país”, que hace que cada producto que queramos exportar cargará sobre sus hombros el costo de estos salarios innecesarios.

La dirigente sindical de los peajes, declara: «Heber innovó al plantear este escenario porque en cada pliego de licitación de todos los gobiernos anteriores, se dejaba establecido que las empresas que licitaban nos tenían que tomar. Siempre nos brindaron certezas y garantías»,  

Esta es la enorme diferencia entre los emprendedores y los dependientes. El emprendedor, el empresario, el comerciante, navegan diariamente en un mar de incertidumbres. Cada mañana, cuando levantan la cortina de su negocio, no saben cuántos clientes van a entrar, si en la vereda de enfrente no se le instalará un nuevo competidor o si el Estado no le pondrá una nueva traba burocrática. No tiene certezas sobre sus ingresos, si se va a poder tomar vacaciones o quién lo cubrirá en caso que se enferme …. Por eso estas personas desarrollar fortalezas emocionales para navegar en aguas turbulentas.

En cambio al sindicalista-empleado-dependiente no le gustan los riesgos ni está dispuesto a asumirlos. Es paradójico que estos “revolucionarios” defensores del Che Guevara, de las guerrillas y las revueltas, sean tan miedosos a la hora de valerse por sí mismos para lograrse un sustento. En patota parece que todos somos guapos. Pero individualmente, sólo unos pocos lo son.

Decía Juan Bautista Alberdi, el pensador liberal creador de la Argentina republicana allá por 1856: “Garantizar trabajo a cada obrero sería tan impracticable como asegurar a todo vendedor un comprador, a todo abogado un cliente, a todo médico un enfermo, a todo cómico -aunque fuese detestable- un auditorio. La ley no podrá tener ese poder, sino a expensas de la libertad y de la propiedad, porque sería preciso que para dar a los unos lo quitase a los otros; y semejante ley no podría existir bajo el sistema de una Constitución que consagra a favor de todos los habitantes los principios de libertad y de propiedad, como bases esenciales de la legislación”

En Uruguay tenemos unos 300.000 desocupados (de los cuales casi 250.000 se inscribieron para el sorteo de 15.000 puestos de trabajo del plan Jornales Solidarios), para trabajar en un Municipio y ganar $12.500 por mes. No parece una gran suma. Sin embargo, esto demuestra que la gente quiere TRABAJAR, más allá del monto del salario, las licencias, los aguinaldos o el cobro de horas extras.

El Estado deberá seguirse achicando (como con los peajes) y las empresas privadas contratarán cada vez menos gente. Si la izquierda no entiende que hay que flexibilizar las normas laborales y terminar con el carácter de “orden público” de las mismas (que impiden llegar a acuerdos entre partes si se apartan de la norma, como negociar menos días de licencia o menos beneficios) cada vez habrá menos empleo.

Esto no tiene que ser visto como una “perdida de conquistas laborales”, porque lo que estarán perdiendo es mucho peor: se perderán empresas y las que queden no estarán estimuladas a contratar mano de obra, y menos aún cuando sea  cara, poco capacitada y difícil de desvincular. Es mejor un empleo “frágil” que un no empleo.

Por lo tanto, con la reforma del Estado y la flexibilización laboral, también habría que aplicar la frase del Dr. Jorge Larrañaga: “Hay orden de no aflojar”.





¿Es la hora del liberalismo?


¿Es la hora del liberalismo?

por Guillermo Sicardi | Semanario Búsqueda | jueves 29 de octubre de 2020 



América Latina ya lo probó todo: monarquías, virreinatos, comunismo, socialismo, dictaduras militares, oligarquías, socialdemocracias y populismos varios. Casi nada de todo esto funcionó bien. Lo que hemos probado poco es del liberalismo clásico. ¿Será que ha llegado su hora?

Veamos el caso de Argentina. Ya van por el noveno default; están entre los 5 países con más inflación del mundo; los niveles de pobreza llegan al 50% y creciendo; el peso argentino cada día vale menos porque están emitiendo billetes para pagar el déficit fiscal; el “Estado presente” no ha dejado de crecer. Lo han probado todo y nada les funciona.

El problema no son las personas, sino las malas ideas que guían su accionar. La creencia que el Estado lo puede todo y debe hacer todo, los tiene anclados desde 1930. A partir de la década del 40 todo empeora con Perón: gasto, derroche, corrupción y populismo que dura hasta hoy.

Las ideas liberales fueron las que permitieron a Argentina ser una potencia mundial. Juan Bautista Alberdi las plasmó en la Constitución de 1853 cuyos principios rectores fueron la libertad (no sólo política, sino de comercio), un Estado focalizado en sus funciones básicas de juez y gendarme, y la propiedad privada.

Desde hace unos años, economistas como Javier Milei, José Luis Espert, Agustín Etchebarne, Gustavo Lazzari, Diego Giacomini, Aldo Abraham o Roberto Cachanosky entre otros, han difundido las ideas de la libertad en la academia, las empresas y, sobre todo, en los medios de comunicación.

Lo han hecho con tanta persistencia,  datos duros  y evidencia empírica irrefutable, que tales ideas están permeando en toda la sociedad, en especial, entre los más jóvenes. Ya muchos están viendo que las diferencias entre peronistas, radicales y el grupo del ex presidente Mauricio Macri, utilizan -a grandes rasgos- las  mismas ideas para gobernar. De hecho, han dicho que Macri, practicaba un “kirchnerismo de buenos modales”.

El modelo “tripartita”, donde gobernantes, empresarios y sindicalistas se repartían el botín, argumentando “defender la industria nacional” o “poniendo dinero en el bolsillo a la gente” para “redistribuir riqueza”, está agotado. 

Las encuestas muestran que el movimiento libertario está captando cada vez más adeptos: del 1,8% de votos que obtuvo José Luis Espert en las últimas elecciones primarias (PASO), al casi 15% que muestran las encuestas hoy, es un gran salto.

Salvando las distancias, el Uruguay está en una encrucijada similar: o se sigue gobernando con las ideas estatistas o se da un giro hacia políticas más liberales, donde se premie la iniciativa individual, la meritocracia, el éxito bien alcanzado y se apoye a quien lo necesite, pero no haciendo del necesitado una víctima o un esclavo.

De este lado del Plata los liberales también están buscando organizarse (lo cual no es fácil para quienes llevan la libertad en sus genes y detestan todo tipo de ataduras). Pero ningún gran logro se obtuvo sin renunciar a algo. ¿Será la hora de volver al liberalismo que supimos disfrutar en el Río de la Plata, o habrá que seguir esperando?


Los números no mienten …


Los números no mienten …
por Guillermo Sicardi | Semanario Búsqueda | jueves 18 de febrero de 2021.



“Los números no mienten. Los que mienten son los que preparan los números”. 

“Hay que cuidar los números chicos, porque los grandes se cuidan solos” . 

Estas frases fueron inmortalizadas por el Cr. José Pedro Damiani, y hoy recobran su valor ante el avance de propuestas de más gasto del Estado, más subsidios o más controles para salir de la crisis. Pero es altamente probable que el remedio sea peor que la enfermedad.

El Uruguay ha vivido de prestado durante los últimos quince años. El aumento de los ingresos de trabajadores y jubilados o la baja en los indicadores de pobreza, tienen más visos de ilusión que de realidad sostenible. 

La deuda externa creció de unos 13.000 millones de dólares en 2005 a más de U$S 40.000MM. Cada uruguayo económicamente activo debe unos U$S 20.000 dólares (más sus deudas personales). A pesar de la bonanza que trajeron los commodities, siguen habiendo unos 170.000 desocupados, crecieron los empleos públicos, cientos de miles de personas reciben un cheque del Estado y se han perdido muchos puestos de trabajo. Casi una tormenta perfecta.

A pesar del enorme aumento de la recaudación tributaria, aún así no logramos cerrar las cuentas: el déficit anual sigue siendo superior al 5% del PBI, lo que significa que todos los años debemos unos U$S 2.750 MM más de lo que recaudamos. No parece una estrategia viable en el mediano plazo.

Otros datos a tener en cuenta: cerca de 500.000 uruguayos están en el clearing de informes; de un parque automotor de unos 1,5MM de vehículos, se estima que 200.000 tienen deudas de patente (morosidad del 8%); 600.000 personas con depresión; 25.000 morosos en UTE y otros 60.000 “colgados”; la desocupación supera el 10%, lo mismo que la inflación. No son datos de un país de primera.

Estos números nos ponen en  una situación muy vulnerable, con menos margen para negociar cualquier proyecto, sean nuevas inversiones, reconversión de empresas (públicas o privadas), bajar impuestos o comprar vacunas contra el COVID. Al igual que la cigarra en la fábula de Esopo, hemos  cantado y bailado durante el verano y ahora no tenemos cobijo para el invierno. 

Pero lo más preocupante no son estos malos números, sino las soluciones que proponen para mejorarlos, ya que la mayoría de ellas pasan -una vez más- por hacer crecer al Estado. Nadie está proponiendo achicar el gasto en sueldos, inversiones, personal, eliminar regulaciones burocráticas, bajar tributos o brindar más flexibilidad laboral. Lo que sí ha funcionado en el mundo, ni siquiera queremos probarlo por acá.

Hace más de 30 años Nueva Zelanda vivía una situación de estancamiento similar, pero aceptaron los hechos, hicieron un plan de base liberal y lo ejecutaron en tiempo record. Pudieron hacerlo gracias a un gran acuerdo entre políticos, sindicatos y empresarios, liderados por el Partido Laborista (de centro izquierda) con su ministro de finanzas Roger Douglas a la cabeza.

Lamentablemente por estos lares estamos lejos de arribar a una solución similar. El primer paso sería aceptar estos números, no como malos, sino como muy malos. Segundo, seguir un camino muy similar al de Nueva Zelanda, achicando el Estado, abriendo la economía al mundo y flexibilizando la legislación laboral. Y el tercer paso, sería ejecutar ese plan con sentido de urgencia y no con “gradualismo”.

De no hacerlo así, los números seguirán empeorando. Y los que preparan los números, tendrán que afinar sus habilidades para maquillarlos.


¿Por qué las instituciones y empresas publicas no rinden?


¿Por qué las instituciones y empresas publicas no rinden?

por Guillermo Sicardi | Semanario Búsqueda | jueves 11 de febrero de 2021.


“Realizar el futuro, implica siempre desechar el pasado. La pregunta a realizarse es: Si hoy no estuviéramos comprometidos con esto, ¿lo intentaríamos? Si la respuesta es negativa, corresponde extraer la consecuencia: ¿Cómo podemos salirnos … y rápido?. Ha pasado casi medio siglo desde que Peter Drücker publicó  el libro “La Gerencia” en 1973, pero parece que pocos lo leyeron y menos aún lo entendieron. 

Si hoy no estuviéramos comprometidos con Ancap, ¿a alguien en su sano juicio se le ocurriría construir desde cero una refinería, en un país que no tiene petróleo y en un mundo que no deja de criticar los efectos nocivos de los combustibles fósiles y brega por energías limpias? Sin embargo, los uruguayos seguimos atrapados a este nefasto pasado ancapiano. Y lo peor: creemos que toda esta historia de fracasos ¡ahora sí!, devendrá en un magnífico éxito. Drücker nos explica por que no podemos concebir tal esperanza.

“La institución pública tiene problemas de rendimiento, precisamente porque no es una empresa”. No está movida para satisfacer las necesidades de los clientes, sino la de sus funcionarios. No le preocupa perder clientes, porque se mueven en régimen de monopolio. Tampoco les asusta no ganar dinero o endeudarse, ya que utilizarán el poder policíaco del Estado para cobrar los precios que se les ocurra o aumentarán impuestos que compensen sus ineficiencias. Y por último: su preocupación principal es gastarse hasta el último centavo de su “presupuesto”, ya que el ahorro está penalizado, no premiado.

Dice Drücker: “La institución que es financiada por un presupuesto se ve recompensada por lo que se le asigna, más que por lo que gana. Se le pagan las “buenas intenciones” y los “programas”. Se le paga por no provocar el desagrado de interesados importantes (sindicatos, políticos, empresarios prebendarios) más que la satisfacción de determinado grupo (clientes, usuarios). El modo en que se le paga, la orienta equivocadamente”. 

Como no logran buenos resultados (entre otras cosas porque no se fijan metas claras ni responsables directos en conseguirlas), se hace “muy grande la tentación de duplicar el presupuesto, precisamente porque no hay resultados” y sobre todo, existe la tentación de “culpar al mundo exterior” de tales yerros.

Muchos creen que las funciones del gobierno son eternas. Una vez que a algún político se le ocurre incursionar o regular una actividad, eso será para siempre. Sin embargo -dice Drücker- el gobierno es una actividad humana y por lo tanto, envejece más tarde o más temprano. “La regla aplicable al gobierno moderno no debería ser “lo que hagamos durará eternamente”, sino todo lo contrario: “lo que hagamos hoy muy probablemente será abandonado en un período de relativamente pocos años”. 

Evidentemente no es esta la regla en Uruguay. No aceptamos el concepto de “abandono planeado”, que es deshacerse de aquellas actividades que ya no concuerdan con el propósito o misión de la empresa, que no aportan satisfacción a los clientes o ni siquiera ganan dinero. Con los casos de Ancap, Alur, Fondes, Inumet, AFE y tantas otras reparticiones, hemos perdido el rumbo. Y cuando esto sucede hay que tomar la brújula y ver dónde está el Norte, que es la misión, la razón de ser y de existir de esa organización.

Al respecto, nos ilustra Drücker: “las instituciones modernas existen para hacer aportes fuera de sí mismas, para atender y satisfacer a quienes no son sus miembros. El hospital no existe para bien de los médicos y las enfermeras, sino de los pacientes. La escuela no existe para provecho de los docentes, sino de los alumnos. La administración que olvida este hecho, administra mal”.

A la luz de estas enseñanzas y de nuestra experiencia, ¿cree usted que estamos administrando bien o podríamos hacerlo mejor? 

 

La trampa del asistencialismo.






La trampa del asistencialismo.
por Guillermo Sicardi | Semanario Búsqueda | jueves 4 de febrero de 2021.

“Los buenos padres, son malos padres”, decía mi abuela italiana que crió siete hijos con muy poco dinero y muchos valores.  Menudo favor le hace un padre al hijo cuando es demasiado “bueno”, en el sentido de blando, contemplativo o sobreprotector. Pero cuando el “Estado paternalista” asume ese rol con sus ciudadanos, el daño es casi irreparable.

Es muy fácil caer en la trampa del asistencialismo. Bajo la piel de cordero de “ayudar al más débil”, “repartir la riqueza” o dar una “renta básica universal”, se esconde el lobo de la dependencia, la destrucción de la autoestima y la convicción de que uno es incapaz de valerse por sí mismo.

Los ejemplos abundan; no solo en el tercer mundo, sino en la cuna del capitalismo, los Estados Unidos de Norteamérica. Este país que se construyó sobre la base moral del valor del trabajo, el ahorro, la defensa de la propiedad privada y la libertad, ha ido cediendo terreno a las ideas del “Estado presente” con resultados nada auspiciosos.

Un caso paradigmático lo constituyen los beneficios, subsidios y apoyos estatales que reciben las reservas o comunidades indígenas en Estados Unidos y Canadá. En el libro “La trampa de la dependencia económica”, de Calvin Helin  (miembro y descendiente de una de esas tribus), presenta datos contundentes demostrando que el supuesto paraíso terrenal de recibirlo todo sin esfuerzo, en realidad es un infierno.

  • Las mujeres y hombres nativos presentan mayores tasas de violencia que cualquier otro grupo étnico o racial en USA

  • El consumo de alcohol, tabaco y otras adicciones, es un problema grave, que incluso se traslada a los fetos durante el embarazo

  • La agencia estatal Indian Health Service, muestra mayores índices de mortandad entre los miembros de la comunidad indígena más altos que el promedio nacional en: alcoholismo (517%), tuberculosis (533%), accidentes automovilísticos (203%), diabetes (210%), homicidios (87%) y suicidios (60%).

Estas cifras Helin las asocia a la pérdida gradual de la autoestima, a la dejadez de cuidar de sus propios asuntos y perder la cultura del trabajo por culpa del asistencialismo. Esto es así porque el ser humano necesita trabajar, no sólo para procurarse un sustento, sino para sentirse útil y provechoso. 

Dice Helin: “Al avanzar la idea de que uno no es responsable de su bienestar, esa responsabilidad pasa a ser usurpada por el gobierno. Y aunque el Estado pueda ponerte una “curita” (band-aid) financiera transitoria, jamás podrá darte la motivación para procurarte una mejor vida”. Y cita al cantante quebequense Félix Leclerc: “La mejor manera de matar a una persona, es pagarle por no hacer nada”.

Está muy bien tenderle una mano a las personas que lo necesitan, porque todos, absolutamente todos los seres humanos, necesitamos apoyo de otros en varios momentos de nuestras vidas, sean éstos económicos, emocionales o laborales. Pero no parece sano que existan cientos de miles de personas recibiendo un cheque del Estado por años y años sin lograr salir de su precaria situación.

La trampa del asistencialismo lleva al clientelismo político: votos por beneficios. Y esto se refuerza fomentando la “cultura de los derechos adquiridos”, donde le hacen creer a la gente que merecen un trato especial en virtud de su particular situación, sea por raza, sexo, estado civil o económica. 

Pero el mayor problema lo tendrán los jóvenes. Un estudio realizado en Estados Unidos  demuestra que cuanto mayor sea el número de años que los padres reciben dinero sin la contrapartida del esfuerzo propio, mayor será la probabilidad de que sus hijos crezcan para depender del asistencialismo estatal. Un esclavo más se suma al sistema.

Uruguay ya cayó en la trampa del asistencialismo. El gran desafío será en cómo salir de ella.


¡Gracias Bill!


¡Gracias Bill!

por Guillermo Sicardi | Semanario Búsqueda | jueves 25 de febrero de 2021.

Los uruguayos estamos enojados con Bill Gates. El hombre más rico del mundo anda promoviendo la carne sintética y diciendo que el ganado contribuye a empeorar el efecto invernadero. Si el mundo le sigue la corriente, Uruguay la puede tener complicada. Pero tal vez no sea tan así.

Nuestra primera reacción fue enfrentar a Bill, con diversos tipos de argumentos. El primero, es que la manera en que se produce carne en Uruguay, con ganados libres en el campo (y no confinados en corrales abarrotados), compensa el efecto negativo del gas metano generado. Otros usaron argumentos semánticos, diciendo que la “carne de laboratorio” no es técnicamente carne (un camino similar a los franceses, que no permiten utilizar la denominación “champagne” a los vinos espumantes que no se producen en la región y con los métodos franceses. Otros lo invitaron a comer un asado para que compare sabores y calidades y entienda que “somos diferentes”.

Pero lo cierto es que este producto va a avanzar. Y mucho más rápido de lo que queremos. Para empezar, el propio Bill invirtió 75 millones de dólares en la empresa Impossible Foods, quien ya había recibido otros 250 millones desde su fundación en 2011. Y hay otros multimillonarios y fondos de inversión, dispuestos a seguir a Bill.

Además, cuando una idea se incorpora en la sociedad, es difícil quitarla. No importan demasiado los argumentos técnicos o científicos, sino que el partido se juega en el terreno de las modas, los prejuicios, lo políticamente correcto o los intereses económicos.

¿Seguirá la carne vacuna el mismo camino que la lana? Uruguay llegó a tener unos 25 millones de cabezas de ovinos, cuando la lana era el principal rubro de exportación, llegando a generar el 50% de las divisas en la década de 1950, con precios muy altos, debido a la gran demanda durante la Posguerra y luego con la guerra de Corea. 

Pero hoy son apenas 6,5 millones (4 veces menos). La explicación la da el propio S.U.L. (Secretariado Uruguayo de la Lana): “No obstante, fueron esos altos precios internacionales de la lana los que favorecieron las inversiones en la fabricación de fibras sintéticas alternativas,  estimulando un gran crecimiento de la producción de fibras artificiales y provocando desde fines de la década del 60 un profundo e irreversible cambio en la industria y el comercio textiles”.

La “culpa” de esta caída, no fueron los Bill Gates de la industria textil, sino nosotros, los consumidores. ¿No me cree? Abra su propio ropero y cuente cuántas prendas “naturales” tiene y cuántas “artificiales”.

Pero no veamos esto como un caos, sino como una oportunidad. La marca “Uruguay Natural” habrá que potenciarla, no como un mero artilugio de marketing, sino como un verdadero cambio en el cultivo orgánico de todo lo que podamos producir así: hortalizas, frutas, granos, vinos, con cañadas de agua limpia y aire puro.

Como en muchos otros rubros, nosotros no podemos competir en volumen, sino en calidad, yendo a  mercados de “nicho”, que aunque sean pequeños, no lo serán para nosotros. Somos chicos. Veamos eso como una virtud, no como un problema. Pero chico y lento, no. Chico y ágil.

Debemos agradecerle a Bill que nos haya abofeteado para espabilarnos. Para seguir produciendo alimentos de calidad (que son, en principio, más caros), no sólo habrá que cambiar técnicas pastoriles y de crianza, sino que hay que achicar el Estado, quitar burocracia y dejar al productor ganadero o agrícola, que corra esta carrera contra los laboratorios y la tecnología, sin mochila y sin parásitos.

Por lo tanto, ¡gracias Bill!.