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miércoles, noviembre 04, 2009

Mujica o la contradicción al poder



por Carlos Alberto Montaner

En pocas semanas los uruguayos elegirán un nuevo presidente. A la cabeza de los sondeos está José Pepe Mujica, un político radical procedente de la izquierda violenta, ex ministro de Ganadería, de quien Ernesto Agazzi, su sustituto en el cargo y correligionario, ha dicho lo siguiente: ``Creo que sería un mal presidente [...] Mujica es un compañero irredento, está contra la formalidad permanentemente [...] Yo creo que Mujica puede ayudar a ganar las elecciones, pero no creo que sea su especialidad, ni su formación, la de dirigir la gestión del Estado [...] Así como es absolutamente anarquista, contrario a las fórmulas preconcebidas, también construye alternativas que nadie vio''.

Ese retrato de Mujica, compartido por muchos uruguayos, aunque tal vez no por la mayoría, es muy preocupante. ¿Cómo y por qué una sociedad razonable y madura elige a una persona con esos rasgos para gobernar el país? ¿Qué les ocurre a los uruguayos? Lo grave de Mujica no es su pasado tenebroso --por el que estuvo preso varios años durante la época de la dictadura--, sino el hecho de que no tiene condiciones para dirigir una república democrática moderna basada en el imperio de la ley, la división y equilibrio de poderes, la economía de mercado y la existencia de un aparato productivo controlado por la sociedad civil.

Esa es una maquinaria muy delicada. Si funciona bien se llama Suiza. Si funciona mal se llama Venezuela. Quien gobierne un país que quiere parecerse a Suiza y no a Venezuela tiene que entender que el estado de derecho republicano fue concebido para limitar la autoridad de los políticos y proteger las libertades individuales, lo que exige un apego absoluto a la formalidad, es decir, a la letra de la ley, no sólo a su espíritu.

Mientras en el ámbito de la sociedad civil las personas pueden hacer todo aquello que la ley no prohíbe, en el espacio público sólo se puede hacer lo que expresamente la ley autoriza u ordena. En las repúblicas el poder es para obedecer al pueblo, no para mandarlo.

Mujica es un revolucionario. Alguien que, a regañadientes, ha tenido que someterse a las reglas del modelo republicano porque su bando perdió la guerra fría. Simpatiza con la dictadura de Fidel Castro. Es amigo de Hugo Chávez. Nunca ha podido descolgar el póster del Che Guevara. Detesta las formalidades y los reglamentos. Le parecen camisas de fuerza burguesas. Su ideal no está en el Código Civil, que le resulta muy aburrido, sino en las tonterías que escribe su compatriota Eduardo Galeano. Eso es muy grave. Así no se puede contribuir al bienestar y el desarrollo de una sociedad. Si no se entiende que la prosperidad material y la estabilidad social dependen, fundamentalmente, de la calidad de las instituciones de derecho, todo es inútil.

Mujica tampoco sabe cómo se crea o se malgasta la riqueza. Su generación --al menos el enorme segmento radical al que pertenecía-- creció creyendo en que la pobreza y el atraso latinoamericanos eran la consecuencia de la codicia de los depredadores imperialistas y de sus cómplices y lacayos nacionales, y nunca tuvo tiempo ni sosiego para rectificar ese colosal error intelectual, afincado en las supersticiones marxistas, disparate que llevó a los más temerarios a secuestrar y matar adversarios ideológicos. ¿Qué otra cosa se podía hacer con unos crueles vampiros dedicados a succionar la sangre de ``las venas abiertas latinoamericanas''?

Eso coloca sobre el tapete dos incógnitas. La primera: lo menos que se puede esperar de un candidato a gobernar es que entienda y aprecie el sistema que deberá dirigir para que se dedique a protegerlo y perfeccionarlo: ¿es ése el caso de Mujica? Y la segunda: ¿por qué los electores son capaces de seleccionar a un candidato que no cree en la esencia del republicanismo ni en el mercado para dirigir una república capitalista? Nadie lo entiende.

Noviembre 01, 2009

El Frente Amplio le da la espalda a la democracia

Estado de negación

Ope Pasquet

La derrota de la papeleta rosada en el plebiscito del pasado 25 de Octubre está produciendo efectos sorprendentes y, desde el punto de vista democrático, francamente lamentables.

No nos referimos, obviamente, a la desazón que el resultado adverso causó entre los promotores de la anulación de la Ley de Caducidad.

Nos referimos al “estado de negación” –creo que era el título de un libro de Bob Woodward acerca del presidente Bush y la guerra de Irak- en el que cayó buena parte de la dirigencia frenteamplista y sindical al verse frustradas sus expectativas.

No se niega el resultado mismo ni su consecuencia jurídica inexorable (la enmienda constitucional no fue aprobada por el soberano), lo que ya sería demencial, pero sí su significado político evidente, que es que la ciudadanía no quiso anular la Ley de Caducidad.

Frente a este hecho, hay quienes siguen diciendo hoy, con toda calma y naturalidad, que “el pueblo uruguayo rechaza la ley de impunidad”. Tras sentar esta premisa, que es para ellos el equivalente de una verdad revelada para las personas de fe religiosa (es decir, una verdad que no admite prueba en contrario, ni refutación racional), los talibanes de la papeleta rosada dan resueltamente el paso siguiente, que es el de descalificar el veredicto de las urnas. Ya no pueden decir que se debió al temor de la población frente a los militares (Tabaré Vázquez es presidente, Gregorio Álvarez está preso). Por lo tanto, lo atribuyen a la desinformación de algunos, a la ignorancia de otros, a la “insensibilidad criminal” (alguien usó esta expresión) de otros más.

Naturalmente, a la cabeza de los grandes culpables están los medios de comunicación, pese a que el SÍ hizo campañas publicitarias que quienes se oponían a anular la ley no hicieron, y pese a que todas las mediciones muestran que los candidatos frentistas (partidarios de la anulación) tuvieron mucho más tiempo en las pantallas chicas que sus adversarios.

La Suprema Corte de Justicia declaró la inconstitucionalidad de la Ley de Caducidad en la semana del plebiscito, pero esta ayuda involuntaria a su causa –debida seguramente a la ciega rigidez de los plazos procesales, que los ministros de la Corte jamás manipulan- y su repercusión mediática tampoco fueron tenidas en cuenta por los personeros de la papeleta rosada, que siguen posando de víctimas de un “sistema” del que han pasado a ser los dominadores.

La verdad es que la segunda ratificación popular de la Ley de Caducidad no se gestó en las altas esferas del Poder Ejecutivo, del Parlamento ni de la Suprema Corte de Justicia, ni tampoco en los canales de televisión, ni en las cámaras empresariales, ni mucho menos en los cuarteles; no se debió esta vez al fuerte liderazgo que en su día ejercieron Wilson Ferreira y Julio María Sanguinetti, sino que surgió espontáneamente de los seis mil y pocos cuartos secretos diseminados por las ciudades, pueblos, villas y zonas rurales de todo el país, donde los ciudadanos uruguayos pudieron votar a conciencia y con libertad. Por eso los derrotados tienen nombres y apellidos, pero no hay nadie que pueda reclamar para sí la victoria.

A esta altura es por todos sabido que hubo muchos votos colorados y blancos con la papeleta rosada, así como los hubo frenteamplistas sin ella; no es posible, aunque a algunos les cueste admitirlo, trazar una línea divisoria que separe con claridad a los Buenos de los Malos. Votó la ciudadanía, no los partidos.

El pronunciamiento del Cuerpo Electoral merece acatamiento y respeto.
Sería bueno que lo reconociesen los falsos demócratas, esos que a pocos días del plebiscito, anuncian públicamente que ya traman nuevas iniciativas para ganar en la liga lo que perdieron, con todas las de la ley y el viento a favor, en la cancha.

lunes, noviembre 02, 2009

Día de los Difuntos vs. Día de los Vivientes


Otra paradoja: hoy se celebra el Día de los Difuntos y seguimos sin celebrar el Día del Emprendedor, el ser más viviente entre los vivos.

Es el emprendedor el verdadero factotum de una sociedad. Y la mueve no con sus músculos sino con su mente. El funcionamiento de nuestros pulmones, músculos o corazón es automático, no así el de nuestra mente, que es nuestra herramienta básica para sobrevivir. Al hombre le es dada la vida, no la supervivencia. Le es dado su cuerpo, no así su sustento. Le es dada la mente, no así su contenido.

Para mantenerse con vida el ser humano debe actuar y para hacerlo debe conocer la naturaleza y el propósito de sus acciones, optando ante alternativas en forma libre y volitiva. Cuánta más libertad y más opciones, más vida tendrá.

Y el principal fin del hombre es buscar su propia felicidad. El ser humano es un fin en sí mismo y no un medio al servicio de un Estado, de un partido o de un sindicato.

Celebrar la vida es celebrar nuestra contribucion a ella, asumiendo la responsabilidad de nuestros actos y aceptando que ningún sustituto puede pensar por uno, como ningún suplente puede vivir nuestras propias experiencias.

Si para ésto nos fue dada la vida, no podemos permitir la subordinación de nuestra mente a la mente de otros, puesto que esa seria la forma más vil de autodestrucción y autodegradación humana.

Son éstos, los verdaderos difuntos, los que han renunciado al uso de su mente al no innovar, al no mejorar, al no arriesgar. Son los que renuncian a la responsabilidad de pensar y actuar por sí mismos y entregan sus destinos a manos de líderes mesiánicos, a la suerte o a fuerzas celestiales en vez de conducirse por sus propias convicciones.

A estos difuntos en vida nadie los reconoce y nadie los recordará, pues poco han hecho por sus vidas y menos por las de los demás.

A los difuntos-muertos que hoy recordamos, es porque vivieron una buena vida y por eso están presentes en ésta. Como realmente vivieron a pleno, jamás murieron y jamás morirán.

Por eso "vive la vida de tal manera que a la hora de tu muerte sean otros los que lloren y tú el que sonría"

Gracias a dios el Lunes !!!

Guillermo Sicardi



PD: parte del texto de esta nota fue extraido del libro La Reberlión de Atlas de Ayn Rand.

sábado, octubre 24, 2009

PRONOSTICOS DE ENCUESTADORAS PARA LAS ELECCIONES NACIONALES OCT 2009


Elecciones Octubre 2009














FA

BL

CO

PI

OTROS


Equipos Mori

48-49%

31-30%

15-16%

3%

3%


Factum

48-50%

30-32%

14-16%

3-4%

3%


Cifra

49%

32%

14%

2.5%

2.5%


MPC

38-43%

35-40%

17-20%

3-4%

3-5%
















Elecciones Noviembre 2009

Datos aportados al 22.10.09











FA

BL



OTROS


Equipos Mori

N/A

N/A



N/A


Factum

N/A

N/A



N/A


Cifra

N/A

N/A



N/A


MPC

38-43%

52-55%



3-5%









Fuentes:

http://www.equipos.com.uy/noticia/ultima-proyeccion-de-equipos-previo-las-elecciones/

http://www.factum.edu.uy/

http://www.cifra.com.uy/novedades.php?idNoticia=101

http://www.mpc.com.uy/

Información disponible al viernes 22.10.09 en las respectivas páginas webs

Conclusiones:

- Equipos Mori, Factum y Cifra no dan un pronóstico definitivo sobre si habrá o no 2da. vuelta

- Esas tres encuestadoras utilizan frases evasivas, se cubren con el tipo de encuestas

realizadas, etc.

- MPC es la única encuestadora que afirma que habrá 2da. vuelta y que ganará Lacalle con

una diferencia mínima del 8% y máxima del 17%

- No utiliza ninguna frase evasiva, por el contrario su principal Nery Pinato dijo en un

reportaje que si se equivoca está dispuesto a cerrar la consultora

Incluye la distribución de las bancas de diputados por cada uno de los 19 departamentos

http://www.mpc.com.uy/pdf/situacion_politica_oct09.pdf

Tal como ocurrió en las elecciones del 2004 y en las internas del 2008, MPC fue la única encuestadora

que acertó en los pronósticos. ¿Qué ocurrirá en estas elecciones?



viernes, octubre 23, 2009

Un día crucial


La del próximo domingo no es una elección cualquiera. No se está eligiendo solamente a un candidato que pueda mejorar la gestión de los recursos públicos. Se está optando por una filosofía de vida, más que por una ideología y aún más que por una opción política.

¿Y cuál es ésta filosofía de vida? ¿Cuáles los valores y principios que trasmiten unos y otros?


Por un lado Mujica. "El Pepe". Sus rasgos más destacados: la ordinariez, la bohemia, la incoherencia, la intolerancia, la mediocridad.

Quiere una sociedad donde no haya destaque, donde las personas reciban limosnas en vez de ser artífices de sus propios destinos, donde lo colectivo prime por sobre el individuo, donde la emoción vence a la razón, donde el poder individual se diluye frente a las masas informes.

Este es el terreno fértil para los totalitarios, los demagogos, los tiranos y los mesías. Sólo una sociedad que se quiere poco a sí misma, que se acobarda ante los desafíos y prefiere la mediocridad a la calidad, puede votar a alguien con tales dotes.

Del otro lado, otro camino.

El de que cada uno vale por lo que es y debe ser juzgado en consecuencia. Que no se puede castigar al hombre por sus virtudes y premiarlo por sus vicios. Una filosofía de vida que parte el supuesto que cada uno es el mejor conductor de su propia vida y que jamás ningún mesías, ningún dirigente sindical y ningún gobernante van a poder tomar las decisiones por uno.

Es la sociedad donde se intercambia valor por valor y no valor por necesidad.
Dónde se reconocen los talentos y se estimulan las virtudes. Es el lugar donde todos son iguales nada más que ante la Ley, la cual se aplica bajo normas de transparencia que defienden el Estado de Derecho, esa estructura formal, despreciada por muchos y añorada cuando carecen de ella.

Es la filosofía de la Libertad como expresión máxima del accionar humano. Dónde el éxito es un deber moral y la búsqueda de la propia felicidad una quimera a conseguir. Se entiende lo bueno de ser egoísta puesto que es la mejor manera de ayudar a los demás: no necesitando de los demás y atendiendo mis propias necesidades. ¿Cómo puede ser malo ocuparme de mis asuntos y sea bueno que otros dejen que otros se ocupen de los de ellos? ¿Cómo puede ser malo generar riqueza y puede ser bueno vivir de lo que le quito a otros por carecer yo de talentos y virtudes? ¿Cómo puede ser malo vivir de mi trabajo y ser bueno hacerlo del trabajo de los demás?

La sociedad donde quiero vivir es la que tiene un sistema justo de premios y castigos, ya que sin un sistema justo sólo los buenos pueden perder y sólo los malos pueden beneficiarse.

Y esas sociedades las encuentro hoy, con más virtudes que defectos, en Nueva Zelandia, en Canadá, en Irlanda, España o Estados Unidos ... países a los cuales emigran los uruguayos a pesar que despotrican contra ellos, pero se cobijan bajo sus alas.

El Domingo se votará por convertir a Uruguay en un país del primer mundo, con valores de primer mundo o en uno de cuarta. Detrás de cada papeleta hay una filosofía. Y detrás de cada filosofía, las bases para el desarrollo o para el hundimiento del ser humano.

Usted decide.

Dr. Guillermo Sicardi, MBA

miércoles, octubre 21, 2009

El voto epistolar

por el Dr. Gonzalo Aguirre Ramírez

Y paso a otro asunto, muy grave. El del voto "epistolar". No hablaré de su justicia o injusticia, aunque esta última es obvia, a mi juicio. Mi enfoque será otro: trataríase de una enmienda constitucional, aunque en puridad jurídica ninguna norma de rango supralegal puede tener ese vicio.

"U séase", que se trata de incrustar en la Carta una disposición que choca frontalmente con los demás preceptos básicos sobre la misma materia. Así, su artículo 1° dispone que "La República Oriental del Uruguay es la asociación política de todos los habitantes comprendidos dentro de su territorio".

Sin embargo, de consagrarse esta desatinada y mal intencionada reforma, pasarán a ejercer directamente la soberanía de la Nación, como integrantes del Cuerpo Electoral, (art. 82), quienes carecen de la imprescindible calidad de habitantes del país.

En igual sentido, quienes de acuerdo al art. 74 de la Lex Magna son ciudadanos naturales por ser "hijos de padre o madre orientales, cualquiera haya sido el lugar de su nacimiento", recién adquieren esa condición "por el hecho de avecinarse en el país e inscribirse en el Registro Cívico".

De igual forma, para tener derecho a la ciudadanía legal, los extranjeros, además de cumplir otras exigencias, deben tener tres o cinco años "de residencia habitual en el país", según los casos (art. 75). Y, además, los derechos de estos ciudadanos "no podrán ser ejercidos… hasta tres años después del otorgamiento de la respectiva carta".

A mayor abundamiento, dispone el art. 81 de la Carta: "La nacionalidad no se pierde ni aún por naturalizarse en otro país, bastando simplemente, para recuperar el ejercicio de los derechos de ciudadanía, avecinarse en la República e inscribirse en el Registro Cívico".

En suma, la Constitución es clara y hasta reiterativa en cuanto a que para ejercer los derechos inherentes a la ciudadanía, el primero de los cuales es el de votar en las elecciones, hay que residir en el país. Lo cual, además, es de elemental lógica y sentido común.

Entre las bases que establece el art. 77 de la Constitución para el ejercicio del sufragio, la fundamental es la de su numeral 2°: "Voto secreto y obligatorio". Obvio es que la obligatoriedad no será tal para los uruguayos residentes en Australia, pues nadie podrá sancionar su incumplimiento. Gedeón lo sabría.

Muchísimo más grave es que el voto epistolar resulte incompatible con el carácter secreto del sufragio, garantía contra el fraude electoral cuya eficacia funcionó hasta en la dictadura, la cual, gracias a ella, fue derrotada en el histórico plebiscito de 1980. Mucha sangre se derramó para constitucionalizarla, lo que se logró en 1917. Nadie discute, desde hace muchas décadas, que fue un formidable paso adelante aseguró la pureza de nuestro sistema electoral. Ahora, un partido de ventajeros, quiere menoscabar esa garantía, "pro domo sua". Es inadmisible.

El num. 9° del art. 7° establece la fecha de los comicios y obliga a votar por "listas de candidatos" que "deberán figurar en una hoja de votación individualizada con el lema de un Partido Político", lo que no podrán hacer los votantes "epistolares". ¿Y cuándo votarían? ¿En qué fecha?

Para intentar superar estas dificultades, en principio insalvables, el texto a plebiscitarse prevé su reglamentación por la Corte Electoral. Es otro dislate, porque "El sufragio se ejercerá en la forma que determine la ley" (inciso segundo del art. 77). Y siempre ha sido así, en nuestro país. La Corte Electoral no puede legislar.

¡No, pues, al voto epistolar!