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jueves, mayo 25, 2023

OSE: ESTATISMO, GESTIÓN Y COMUNICACIÓN.


OSE: ESTATISMO, GESTIÓN Y COMUNICACIÓN.
por Guillermo Sicardi - Semanario Búsqueda - jueves 25 de mayo de 2023.


Gracias a que en Uruguay llueven unos 1200mm por año y tenemos buenos arroyos en una peniplanicie de tierras suavemente onduladas, la falta de agua nunca ha sido un problema. Los uruguayos hemos derrochado el líquido elemento por décadas, tanto en nuestros hogares como desde la propia OSE, que pierde un 50% en la distribución por el mal estado de las cañerías, robos y otros menesteres. Como referencia, se estima que a nivel internacional se puede perder entre un 20% y un 30% por fugas, aunque en Israel sólo pierden menos del 5% y más del 85% del agua proviene de plantas desalinizadoras.

Pero cuando el agua nos llega al cuello (mejor dicho, a los tobillos) nos volvemos todos locos y ahí nos damos cuenta de lo malos que somos planificando y priorizando. Desde hace más de 40 años hay varios informes y diagnósticos que nos vienen diciendo que más temprano que tarde había que hacer obras de envergadura para evitar problemas con el agua, sea para riego, para la industria o para consumo humano. Pero ningún gobierno lo hizo a fondo. Hicieron parches, pero no arreglaron los cimientos.

Si a esto le agregamos los cantos agoreros del cambio climático, las ONG´s sensibles al tema, el Premio Nobel de la paz en 2007 a Al Gore (ex vicepresidente de Bill Clinton) por su activismo y más recientemente la mediática joven sueca Greta Thunberg, uno no comprende cómo no se priorizó este tema. O no creen mucho en estas predicciones o somos muy lentos de reflejos.

En una entrevista el pasado domingo en Santo y Seña, el presidente de OSE, Ing. Raúl Montero, dice que “hasta ahora venimos invirtiendo 8 o 10 millones de dólares por año, desde hace decenas de años”, pero esto solo les da para “sustituir el 1% de los 18.000 km de cañerías”, muchas de ellas que vienen de la época de la The Montevideo Waterworks Co., fundada en 1879 por los ingleses y estatizada en 1950.

También manejó como alternativa de emergencia, hacer un canal para traer agua de “un bolsón de agua dulce (que está ubicado) a unos 30 km del Santa Lucía”, pero que hacer tal canalización “cuesta un platal” (unos 30 millones de dólares, a razón de 1 millón por kilómetro). Estas inversiones (que suenan millonarias para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero), son ridículas si las comparamos con los despilfarros innecesarios en que incurre nuestro Estado, como ser los 36 millones de dólares que pierde El Correo cada año, los 6 millones del Inumet (hoy sustituible por cualquier app gratuita), la división portland de Ancap y y otros múltiples derroches más. 

El problema de fondo es que el Estado es un pésimo administrador, salvo las siempre honradas excepciones. Ningún político, ningún director, ningún gerente y ningún empleado público, se hacen cargo -económicamente hablando- de sus malas decisiones, cosa que sí sucede en cualquier emprendimiento privado. 

Para peor, en Uruguay amamos al Estado ineficiente. Así, casi el 70% de los uruguayos votó en contra de la Ley de Empresas Públicas aprobada en el año 1991 por el gobierno del Dr. Luis Alberto Lacalle Herrera y en el 2004 se aprobó un plebiscito para estatitzar todo el sistema de agua potable y saneamiento bajo el marketinero slogan de “por el agua y por la vida”.

En el primer caso, el Frente Amplio argumentaba que esa ley ponía “en peligro buena parte del patrimonio nacional que el liberalismo irresponsablemente se dispone a entregar”  y que tal reforma “nos dejará un Estado inoperante” que pondrá “en juego la soberanía misma del país”, lo que está dentro de una estrategia “funcional al modelo neoliberal y al modo de inserción del Uruguay en el sistema capitalista mundial orientado desde el exterior y enmarcado en la transnacionalizacion de la economía”. Pero cuando gobernaron 15 años, privatizaron energía eléctrica, cerraron Pluna, permitieron la venta de millones de hectáreas a extranjeros y firmaron con la multinacional UPM un contrato inédito.

Por último y no menos importante, es lo mal que comunica este gobierno sus grandes proyectos. Lo hizo muy bien durante la pandemia, pero muy mal con la ley de educación, con la reforma jubilatoria y ahora con OSE.

Tienen que tener un único vocero, no que hablen jerarcas sueltos desde OSE, Presidencia, Ministerio de Ambiente, de Salud, la Ursec y algún otro que se sume a la mesa. Y quien lo haga debe presentar un plan A, uno B y otro C, con datos, cifras y argumentos técnicos sólidos, no como hizo el presidente de OSE en Santo y Seña que se lo vio dubitativo, cabeza gacha, usando términos vagos y hasta no fue adecuadamente vestido para tan seria ocasión.

Se dice que de los éxitos se aprende poco y lo poco que se aprende puede ser malo: ego, autocomplacencia, sentimiento de superioridad. Pero si de los fracasos se aprende, no parece ser el caso de Uruguay. Estamos más abocados a pasarnos facturas que a sentarnos a pensar -juntos- el futuro con seriedad. Hay una Comisión Especial de Futuros creada en el Parlamento, que hasta ahora no ha mostrado mucho, pero puede ser un buen ámbito para canalizar este tema. Que no se demoren más.


jueves, mayo 18, 2023

DESDE ARGENTINA, CERO KILO … AL POPULISMO


DESDE ARGENTINA, CERO KILO … AL POPULISMO
por Guillermo Sicardi - Semanario Búsqueda - jueves 18 de mayo de 2023.


“Hay que cerrar las fronteras con Argentina. Lo que viene del otro lado del río, nos va a arruinar”. Hoy muchos comerciantes y políticos están pidiendo medidas para evitar que productos argentinos muy baratos nos invadan y hagan quebrar comercios. Pero cualquier medida que tomen, solo será un paliativo que durará lo que un lirio. Yo también creo que hay que cerrar las fronteras con Argentina, pero no para que no entren productos, sino para que no entren las pésimas políticas peronistas, populistas y socialistas. ¡Eso sí que nos va a arruinar!

El peronismo, el estatismo y el populismo arruinaron a la Argentina, una proeza que parecía imposible. Tienen una inflación proyectada del 147%, (entre las 5 mayores del mundo); el dólar “blue” (mercado libre) ronda los 500 pesos argentinos (estaba a 67 al asumir Alberto Fernandez en diciembre del 2019); la pobreza está en el 40% (unos 20 millones de personas) y tienen 5 millones de indigentes. Casi la mitad de la población recibe alguna prebenda del Estado. El Banco Central está quebrado, no tienen reservas en dólares, tampoco crédito internacional y sólo se financian con emisión monetaria. La tormenta perfecta.

Veamos solo algunas de las nefastas medidas que han tomado nuestros vecinos y seamos conscientes que aquí, el Frente Amplio y el PIT-CNT, las han propuesto para aplicar en Uruguay, con mayor o menor entusiasmo, pero las defienden a casi todas ellas. A saber: 

a) cerrar la economía al mundo basados en la fracasada política de sustitución de importaciones y proteger a la industria nacional; 

b) dar subsidios a empresas para poder competir con productos mejores y más baratos del exterior, lo que llena los bolsillos de empresarios prebendarios, políticos y sindicalistas, mientras vacía el bolsillo de los ciudadanos; 

c) leyes laborales rígidas y sindicalistas que se enquistan en el poder por décadas, viviendo como millonarios, mientras la jubilación mínima no supera los 150 dólares; 

d) derroche de planes sociales, que tienen a la gente esclava del Estado y perdiendo los hábitos del trabajo, del esfuerzo y la meritocracia; 

e) subsidio a las tarifas de servicios públicos (luz, agua, gas, transporte, etc.), generando un déficit fiscal gigantesco y un desestímulo a esas empresas a invertir, lo que lleva a cortes en el servicio o escasez; 

f) control de precios en supermercados, con la absurda idea de creer que van a controlar la inflación, cuando estas medidas han fracasado en Argentina y en todo el mundo en los últimos 4.000 años; 

g) haber cerrado la economía y la educación durante la pandemia en forma extensa y descoordinada; 

h) tener más de 15 tipos de cambios: oficial, blue, soja, turista, Netflix, mayorista, CCL (Contado Con Liquidación) y varios más;

i) echarle la culpa a otros de sus males: al F.M.I. (que es el único que le sigue dando óxigeno), a la pandemia, a la sequía, a la guerra de Rusia contra Ucrania, a Macri, al Grupo Clarín o al imperialismo yankee. Todo les viene bien para sacarse el sayo de encima.

Argentina no sólo está absurdamente barata (por los motivos listados), sino que, además, Uruguay está absurdamente caro. Y lo estamos porque tenemos un Estado grande y soso, un tipo de cambio atrasado, una mano de obra ineficiente, una legislación laboral rígida, altos impuestos, burocracia y servicios públicos de calidad media. 

Por eso nuestras exportaciones son 70% “commodities”, como la soja, que se exportan unos U$S 1.800 millones, pero apenas se exporta aceite o harina de soja. Y ni hablemos de exportar productos con más valor agregado, como milanesas o hamburguesas. Es que “agregar valor” en Uruguay no es rentable.

Más allá de la situación actual de Argentina, Uruguay tiene que trabajar duro para ser más competitivo, desregulando el mercado laboral, eliminando monopolios y empresas públicas, saliendo del Mercosur y buscando más negocios libres con el mundo. En definitiva, tenemos que tomar todas las medidas que toman los peronistas socialistas, pero en sentido diametralmente opuesto.

Como dice el dicho: “Del tonto también se aprende. A no ser tonto”. Aprendamos entonces de todo lo que no hay que hacer. El cerrar la frontera al comercio con Argentina tal vez evite (por un tiempo acotado) que algún comerciante uruguayo la pase mal  y hasta  tenga que cerrar su negocio. Pero si dejamos que pasen las ideas peronistas, populistas y socialistas, todos la vamos a pasar muy mal. Porque está más que probado que estas ideas, una vez llevadas a la práctica, lo único que logran es traer miseria, no por un tiempo acotado, sino por décadas y décadas.


jueves, mayo 11, 2023

LA POLÍTICA, EL DERECHO Y LA MORAL


LA POLÍTICA, EL DERECHO Y LA MORAL
por Guillermo Sicardi - Semanario Búsqueda - jueves 11 de mayo de 2023.


El despido de la ministra de vivienda del gabinete gubernamental por haber dado preferencia a una militante de su fracción política para acceder más rápido a una vivienda, generó un enorme revuelo que puso al borde la continuidad de la coalición de gobierno. La discusión ha girado fundamentalmente sobre aspectos políticos y jurídicos, pero no morales, que son los que verdaderamente importan.

Esta conducta no debería sorprendernos, ya que es -lamentablemente- una práctica inveterada de nuestra casta política. Todos sabemos que gran parte del tiempo que dedica un jerarca, sea legislador, edil o funcionario, es a trabajar de “gestor”, a agilizar expedientes dentro del enmarañado mundo burocrático que ellos mismos crean.

Recuerden que para tener un teléfono de línea había que esperar entre 10 y 15 años, ya que había escasez de los famosos “bornes”, lo cuales aparecían como por arte de magia cuando la solicitud iba acompañada de una tarjeta de algún diputado. Iguales gestiones se hacían para apurar una jubilación, un permiso de importación o un “préstamo blando” del Banco República.

Esto era (y sigue siendo) totalmente aceptado por la sociedad. Las “gauchadas”, el amiguismo o el “hacerle la pierna” a algún conocido, no están tan mal vistos. Y no hablamos aquí de la coima pura y dura que es la práctica corriente al otro lado del Río de la Plata, sino simplemente de hacer favores. Y “favor con favor se paga”.

Como estas costumbres son aceptadas pacíficamente por los ciudadanos, muchas de ellas son recogidas por nuestra normativa jurídica. Así, los directores de Ancap disponían (o tal vez aún dispongan) de determinadas bolsas de portland para donar a instituciones deportivas o sociales, a las que, casualmente, suelen estar vinculados o están ubicadas en sus pagos. Los directores del BPS contaban con un cupo de jubilaciones para otorgar, aun cuando el potencial jubilado no dispusiera del 100% de los requisitos establecidos. Y ahora la ministra de vivienda lo dice muy claramente: que como ministro dispone de cupos discrecionales para asignar viviendas “los que casi no utilicé”.

Lo que debemos analizar en este y otra infinidad de casos, es si la conducta de los servidores públicos está ajustada a la moral, disciplina que refiere a los valores y principios que guían el comportamiento humano y que pueden variar según cada cultura y modificarse con el paso del tiempo, como ser los temas vinculados a la justicia, la equidad, la honestidad, la compasión o el respeto.

Durante siglos era legal (y moralmente aceptada) la esclavitud; que las mujeres no pudieran votar; que los hijos nacidos fuera del matrimonio heredaran menos que los hijos “legítimos”; o que los negros tuvieran que asistir a escuelas diferentes o viajar en buses especiales para ellos. 

El presidente Lacalle Pou parece estar tomando decisiones basadas más en la moral que en la política o en el derecho. Y hace muy bien en ello. Despidió a Irene Moreira por similares motivos por los que cesó al ex presidente de Antel, Guillermo Iglesias, por querer presupuestar a 857 personas como empleados públicos permanentes en mayo del 2020, en plena pandemia, cuando el común de los mortales no sabía si iban a tener un mísero ingreso para sobrevivir. Una verdadera inmoralidad, por más ajustada a derecho que estuviera y contara con el aval de varias fuerzas políticas y sindicales.

Para dirimir estos asuntos entre la política, el derecho y la moral, es bueno que pongamos la mirada (una vez más) en Nueva Zelanda. Ellos tienen un Código de Integridad y Conducta para guiar a los funcionarios públicos que ya tiene 35 años: The State Sector Act de 1988. A este código, en idioma maorí, le llaman “He Aratohu”, compuesto de dos palabras: ara y tohu. Ara es ruta, camino o rumbo y Tohu son símbolos, signos, rasgos distintivos o direcciones.

Y dicen en su página web: “El sector público de Nueva Zelanda se encuentra en la posición privilegiada de tener altos niveles de confianza pública. Sin embargo, esto no debe darse por sentado. Necesitamos seguir comportándonos de una manera que retenga la fe de los ministros, el parlamento y el pueblo de Nueva Zelanda, o perderemos nuestra legitimidad y socavaremos la credibilidad que necesitamos para hacer nuestro trabajo. Debemos ser capaces de demostrar que somos dignos de confianza, que actuamos en interés de la gente de Nueva Zelanda y nunca para nuestro beneficio personal”.

Desde que el Dr. Jorge Batlle invitara en agosto del año 2000 a la Dra. Ruth Richardson, ex ministra de finanzas y actora principal de los cambios hacia la libertad comercial y modernización del estado, nunca más se habló de Nueva Zelanda. No lo hicieron ni los políticos, ni los sindicalistas, ni los empresarios, ni los académicos, ni los periodistas, salvo aisladas excepciones. 

Sería bueno que ante tanto derroche del gasto público todos ellos organizasen una excursión a Nueva Zelanda para ver si traen ideas nuevas, políticas nuevas y morales nuevas. Dejen la cháchara y la telenovela política para las masas, siempre adictas a regodearse en las “redes cloacales”. Lideren. Eleven las miras. Ayuden a cambiar la moral de nuestro tiempo. Ello traerá cambios jurídicos y también cambios políticos. Y todos serán para bien.


jueves, mayo 04, 2023

LA CASTITA POLÍTICA URUGUAYA CONTRA JAVIER MILEI


LA CASTITA POLÍTICA URUGUAYA CONTRA JAVIER MILEI
por Guillermo Sicardi - Semanario Búsqueda - jueves 04 de mayo de 2023.


Decía el icónico ex presidente de Peñarol, Cr. José Pedro Damiani: “En el Uruguay no hay ricos, hay riquitos”. Y cuando nos comparamos con Argentina, también lo nuestro es diminutivo: ni grandes proezas, ni grandes desastres. Con la política sucede lo mismo: allá está “la casta” y aquí “la castita”. Ambas están en contra de las ideas que propone desde hace casi diez años, Javier Milei, un economista que defiende la libertad a ultranza y que quiere cambiar radicalmente la estructura del Estado y las mafias que lo gobiernan. Por eso muchos le tienen miedo.

Milei no está en contra de la política, ni de los políticos honestos y menos aún, del sistema democrático. Él está en contra de “la casta”, a la cual define como aquellos políticos que viven del Estado, que aprueban leyes y decretos para dejar contento al pueblo en el corto plazo, aun sabiendo que, a la larga, esas medidas son perjudiciales para toda la sociedad. 

También la casta la integra el político corrupto, no sólo del que revolea bolsos con nueve millones de dólares para dentro de un convento trucho, asigna obra pública a los amigos y sus entenados que acumulan 400.000 hectáreas en estancias, sino que también incluye a los que hacen favores con dinero ajeno, cobran impuestos para repartirlos a cambio de votos o simplemente son tibios a la hora de encarar los cambios, porque saben que ir contra la corriente del pensamiento dominante es ir contra la corriente de los votos que los mantienen en el poder.

Milei está a favor de la libertad en todos sus términos, de las libertades políticas, las sociales, las individuales y, sobre todo, de las libertades económicas. Quiere eliminar los más de 120 impuestos que rigen en Argentina y dejar sólo 10, así como las 69.000 regulaciones que impiden el comercio, al punto tal, que un vehículo que transporta chacinados desde Capital Federal a Provincia (es decir, cruzando la General Paz), debe llevar unos 17 permisos encima, y para ello, el empresario debe disponer de un funcionario casi en exclusiva para llenar papeles inútiles para saciar un Estado ineficiente.

También plantea cerrar el Banco Central (más bien dinamitarlo y dejar sus ruinas como testimonio de las ruinas que esa entidad le causó a los argentinos), como ser destruir cinco signos monetarios, quitarle 13 ceros a la moneda y generar dos hiperinflaciones sin haber tenido guerras. El peso argentino es un papel pintado, que desde hace casi un siglo los políticos de todo pelo lo han venido falsificando sin pudor. Y, de yapa, recordemos que Argentina es un “defaulteador serial”, ya que van nueve veces que no paga sus deudas y, seguramente, sume la décima cucarda a este triste currículum en muy poco tiempo.

Como Milei pretende quitarles a los políticos las herramientas del saqueo, la casta se opone a sus ideas. Quieren seguir con la obra pública y ya vimos los robos que hicieron, todos documentados en los “cuadernos Gloria”. Quieren seguir con las empresas públicas, todas ellas perdiendo dinero, pero ganando empleados públicos amigos y “caja” para sus campañas. Quieren seguir con el Banco Central, para que pueda financiar el déficit fiscal crónico, que se genera por subsidiar las tarifas públicas, financiar políticas de género, tener un exceso de Estado y el “ponerle platita en el bolsillo a la gente”. Por eso tienen una inflación del 120% (y creciendo), una moneda inútil y un riesgo país de los más altos del mundo.

Lo que llama la atención es que políticos de todos los partidos uruguayos, hayan criticado a Milei. El Dr. Julio María Sanguinetti lo ve con “preocupación” y dice que “sin dudas no ayuda al ejercicio democrático”. El senador Domenech de Cabildo Abierto, lo ve como un “fenómeno circunstancial” que no tiene “bases firmes” como para “timonear” la Argentina. El siempre ocurrente Mujica dice que “El fenómeno no es Milei, sino ustedes (los periodistas) que le dan pelota”. Y hasta Pablo Iturralde, presidente del Partido Nacional, apuntó contra el “facilismo tremendo” de figuras emergentes que capitalizan el descontento de los votantes con la economía, “después de tantos años de populismo”. Y por último Pablo Mieres, del Partido Independiente, critica a los outsiders como Milei, considerando que “son políticos que ingresan a la política diciendo que no les gusta la política”. 

Es muy bueno y muy sano para una democracia el contar con partidos políticos con 150 años de historia como los tiene Uruguay, pero también de esas entrañas surgió un populismo y estatismo desmesurado, que llevó a un estancamiento económico e inflación, que trajo un enorme descontento en la población el que dio nacimiento a los tupamaros y luego a un Bordaberry y el golpe de Estado. En esos partidos también surgen “outsiders” como Juan Sartori, que se mete en el Senado luego de una breve y costosa campaña política. Y Cabildo Abierto es el gran outsider del sistema, que buenos dolores de cabeza le está dando al gobierno de coalición. Nada es perfecto. Ni pelado, ni con dos pelucas.

Ninguno de los partidos políticos uruguayos ha planteado con firmeza el achicar el Estado, en terminar con empresas públicas ineficientes, en reducir la cantidad de Intendencias o hacer fuertes ajustes al Banco Central, que acaba de pedir unos 800 millones de dólares porque estaba al borde de la quiebra. De alguna manera, todos ellos se benefician con esta enorme estructura estatal. 

El tema no es Milei y su personalidad o sus extravagancias. El tema de fondo son las ideas de la libertad, esas que incorporó Juan Bautista Alberdi en la constitución argentina de 1856 y que en pocos años hizo de ese joven país, un vergel de oportunidades y uno con el mayor ingreso per cápita del mundo, cuando hoy chapotea en la miseria de la inflación, la desocupación, 20 millones de pobres y 5 millones de indigentes.

Rechacen a los outsiders como Milei y abrácense a las tradiciones de Juan Domingo Perón o del “hiperinflacionario de Chascomús” (Raúl Alfonsín), ese “padre de la democracia” que inmortalizó la frase “Con la democracia no solo se vota, sino que también se come, se educa y se cura” y tuvo que abandonar la presidencia ocho meses antes de terminar su mandato, con una hiperinflación del 5000% anual, con la cual no pudo ni curar, ni alimentar, ni educar y sí apenas pudieron votar.

Critiquen a Milei todo lo que quieran. Pero no se distraigan mirando el dedo cuando se apunta a la luna. Defiendan sí las ideas de la libertad, porque en esta faena, tienen mucho aún por hacer.


viernes, abril 28, 2023

OTRO PREVISIBLE 1ERO DE MAYO


OTRO PREVISIBLE 1ERO DE MAYO

por Guillermo Sicardi - Semanario Búsqueda - jueves 27 de abril de 2023.


El próximo 1ero de mayo habrá un acto del PIT-CNT celebrando el día del trabajo y será tan previsible como todos los anteriores. Habrá discursos encendidos contra el gobierno (por cualquier tema y por cualquier asunto); se repetirán trilladas y tergiversadas palabras como solidaridad, trabajo digno, conquistas laborales, explotación, desigualdad, hambre o justicia social. Y, como no podía ser de otra manera, se dirán muchas falacias, porque sin ellas, sería como si le faltara “la marca en el orillo” a la gastada tela del PIT-CNT.

La primera falacia es que este acto lo organiza una central sindical que dice velar por los derechos de los trabajadores y cuya visión corporativa (es decir, hacia donde se dirigen y cuáles son sus aspiraciones de largo plazo), es: “Construir entre todos una sociedad más justa y solidaria, donde los medios de producción y de servicios estén en manos de los trabajadores. Para llegar a un Uruguay, un mundo, en el cual no existan explotados ni explotadores”. Una definición marxista de cabo a rabo.


El marxismo ha sido el peor enemigo de los trabajadores (y de todos los seres humanos que sufrieron bajo su mandato), salvo la clase dirigente que vivieron (y viven) como reyes.

Los principales dirigentes del PIT-CNT son comunistas, y el comunismo, durante los últimos cien años, mató a más de 150 millones de seres humanos, entre asesinatos directos, purgas, encarcelamientos, trabajos forzados en campos de concentración (a los que eufemísticamente llamaban “campos de reeducación”) y sobre todo por enormes hambrunas provocadas por haber eliminado la propiedad privada, sometido a los campesinos a seguir programas de producción ineficientes y por saquearles el fruto de su esfuerzo para dárselo al partido, quien lo iba a “redistribuir” en forma justa e igualitaria. Nada de esto sucedió.

Aplicando el neolenguaje descrito por George Orwell en su novela 1984, los discursos utilizarán pocas y simples palabras con contenidos muy emotivos, pero en el fondo ellos le dan otro significado del que aparece en la superficie. La frutilla de la torta es la palabra “solidaridad”, que la interpretan como ayudar al pobre, darle asistencia infinita y solucionarle todos sus problemas: educación, vivienda, salud y hasta algún espectáculo tildado de “cultural”. Pero el diccionario de la Real Academia define la solidaridad como la “adhesión circunstancial a la causa o empresa de otro". Primero tener una meta y luego recibir un apoyo transitorio. Ni el empleo público, ni los subsidios, ni las ollas populares, son solidarios. Son esclavizantes.

Terminar con la propiedad privada y expropiar los medios de producción y de servicios para que queden en manos de los trabajadores, es el camino más directo a la miseria de esos mismos trabajadores. El derecho a la propiedad privada e individual es un derecho humano tan importante como el derecho a la vida, porque cuando el partido, el sindicato o el Estado se quedan con esos bienes de producción y los asigna a quien al burócrata le plazca, te pueden dejar literalmente sin herramientas para ganarte tu propio sustento y así, condenarte a la miseria o a la misma muerte.

Ellos creen que, al terminar con los medios privados de producción, se terminan con las clases dominantes (que acumulan el capital) y dejan de explotar a la clase trabajadora oprimida que solo tiene su mano de obra para ofrecer. Esto es tan falso en la teoría como en la práctica.

Para empezar, en un régimen capitalista de libre mercado, donde hay miles de oferentes (comerciantes) ofreciendo sus productos y servicios, sólo gana aquel que tenga el mejor producto, el mejor precio y/o el mejor servicio. El comerciante no es un explotador, sino un benefactor, que no solo ofrece sus productos en intercambios libres y voluntarios, sino que ofrece trabajo para aquellos que no pueden o no saben crearse el suyo propio.

En cambio, donde sí hay explotados es en los regímenes comunistas, socialistas, estatistas o mercantilistas, donde un solo oferente monopólico (sea público o privado) o un oligopolio (unos pocos se reparten el mercado), se aprovechan tanto del consumidor como del empleado, quienes no tienen opciones para elegir donde comprar o donde trabajar.

Los abusos más espantosos en las relaciones laborales no se dieron en la Revolución Industrial (donde vemos fotos de fábricas del 1800 en adelante, con condiciones que a nuestros ojos del siglo XXI nos resultan espantosas), sino que se dieron en los regímenes comunistas como en el de la Rusia con Stalin, en la China de Mao, en la Cuba de Fidel, en la Camboya de Pol Pot, en la Albania de Hoxha o actualmente en la Venezuela de Maduro, donde tuvieron a millones de ciudadanos viviendo como verdaderos esclavos. ¡Qué me vienen con la ley de las ocho horas y los mártires de Chicago!

El otro error es “defender los puestos de trabajo”, aunque estos sean obsoletos, improductivos y sin valor agregado. Los sindicatos hacen paros y dan batallas para defender el innecesario puesto de guarda de ómnibus , o los cajeros de banco o los cobradores de peajes. Todas estas tareas rutinarias ya desaparecieron o desaparecerán prontamente por los avances de la robótica y la tecnología, como bien lo señala el informe The future of employment de la Universidad de Oxford. Lo que sí hay que defender no es al puesto de trabajo sino a la persona que lo ocupa, dándole capacitación técnica y nuevas competencias. Pero la desastrosa educación pública uruguaya (en gran parte gestionada por los propios sindicatos de izquierda) los condena al fracaso.

Por último -y no menos importante- la enorme falacia de la justicia social, que es, en realidad, una gran injusticia. Parte de la base del ideal de la igualdad, no sólo de la igualdad de oportunidades al inicio (que puede ser una iniciativa compartible, aunque jamás será 100% realizable), sino de la igualdad de resultados, es decir, que todos tengan lo mismo.

Como bien decía Margaret Thatcher, el socialismo logra esa igualdad, pero siempre para abajo: todos iguales y todos pobres. Vean lo que es Cuba o Venezuela, e incluso Argentina: unas grandes villas miserias a pesar de contar con recursos naturales y humanos, que otrora gozaban de un buen bienestar. La única manera de lograr esta igualdad es a punta de pistola. ¡Y vaya si los comunistas la han usado a diestra y siniestra y sin ningún tipo de pudor ni arrepentimiento!

Hay que terminar con otro mito que repiten los buenistas: que la idea del comunismo es linda en teoría, pero impracticable en la práctica y que siempre que se aplicó falló, no porque la idea sea mala, sino porque los que la aplicaron se desviaron del camino. En otras palabras: el problema no es la receta, sino el chef. Pero resulta que en cien años de usar esta receta y de haber probado miles de chefs, ninguno logró entregar un plato decente. Todos estaban podridos y malolientes.

Tan es así, que en 1620, cuando viajaron un grupo de puritanos desde Inglaterra en el barco Myflower a lo que luego sería Estados Unidos, liderados por John Carver y luego de su muerte por William Bradford, organizaron la primera colonia en Plymouth bajo un régimen comunitario: todo era de todos y nada era de nadie. Cada uno trabajaba según sus capacidades y todos recibían los mismos frutos. ¿Qué creen que sucedió? Las cosechas obtenidas fueron un rotundo fracaso, porque no había estímulos para esforzarse más y los haraganes (que siempre los hay en todo grupo humano) recibían su parte haciendo poco o nada, viviendo del esfuerzo de otros.

Luego Bradford cambió las reglas de juego y le asignó a cada familia una parcela para que cada uno la explotara a su suerte. La siguiente cosecha fue un verdadero éxito y a partir de allí se festeja el Thanksgiving Day (Día de Acción de Gracias), agradeciendo la abundante cosecha obtenida (en realidad no tenían que agradecerles a otras personas, ni a los dioses, sino a ellos mismos).

Por último, espero que dirigentes de la coalición de gobierno, empresarios o académicos, no vayan a este acto a hacer la claque para sacar patente de “no facho”, creyendo ingenuamente que van a ser mejor tratados por esta manga de fedayines del primero al último. No hagan la de Chamberlain y sus “apaciguadores”, que creían que, siendo tolerantes con Hitler, éste no iba a invadir Inglaterra. Pero cuando Chamberlain volvió de Alemania blandiendo un papelucho (que suponía un acuerdo de no agresión), Winston Churchill le espetó: “Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra; escogisteis el deshonor y tendréis la guerra”.

Por eso este primero de mayo que se viene, ojo con ser cómplices en celebrar la lucha de clases, el repartir la riqueza (sin tener la más mínima idea de cómo crearla) o propiciar la justicia social. Todas estas falacias lo único que llevan es a la miseria, a la falta de libertades y a la falta de trabajo. Un verdadero deshonor para celebrar, justamente, el día del trabajo y del trabajador.


jueves, abril 20, 2023

SI ES PARA AFRICA, ¡NO DONEN NADA!


SI ES PARA AFRICA, ¡NO DONEN NADA!

por Guillermo Sicardi - Semanario Búsqueda - jueves 20 de abril de 2023.


Cuando algún organismo internacional le pida dinero para salvar a ese negrito de la foto, desnutrido y con la boca llena de moscas, no done nada. Cuando una ONG humanitaria le haga sentir culpable porque usted come todos los días y que con lo que se gasta en un par de cervezas puede llevarle agua a una tribu ignota, no done nada. Y cuando le muestren campos de refugiados y niños mutilados, tampoco done nada. ¿Sabe por qué? Porque la mayoría de esas donaciones no llegan a los supuestos beneficiados, pero sí llegan a los directivos de esos organismos, a consultores bien pagos, a burócratas internacionales, a políticos corruptos a hoteles cinco estrellas y a bares de copas.

Siempre tuve la sensación que esto era así, hasta que llegó a mis manos el libro “Blanco bueno busca negro pobre, una crítica a los organismos de cooperación y las ONG”, de Gustau Nerín, español, antropólogo, con vasta experiencia en el continente africano, que me lo ha confirmado.

Dice el prólogo del libro: “Hace cincuenta años que se inició la cooperación. Cincuenta años que no han servido para tanto como nos creemos. Europa ha demostrado ser un pozo sin fondo de donantes y África, un pozo sin fondo de fracasos. Por ineptitud, por poca sostenibilidad, por corrupción, por intereses ocultos, por ignorancia de las formas de vida africanas... Aun así, ha calado la idea de que los problemas africanos se solucionarán con proyectos de desarrollo, que la opinión pública juzga por las buenas intenciones y no por los buenos resultados”.

Trata a los “buenistas” europeos del Norte, como verdaderos papanatas, ya que “nunca tanta gente, con tan buenas intenciones, había dedicado tantas energías a una causa tan inútil”. La pregunta es ¿por qué lo hacen? Las respuestas (basadas en su amplia experiencia) son aterradoras. Veamos algunas.

Primero, porque “Los «negritos» de África siempre han sido un reclamo muy útil para movilizar las buenas conciencias de los ciudadanos de Occidente y vaciar sus carteras”, empezando por los religiosos cuya tenacidad en perseguir empresarios, políticos y simples ciudadanos ha sido proverbial. Hoy están siendo sustituidos por ONG (Organización No Gubernamental) que en realidad no son tan “no gubernamentales”, ya que la mayoría recibe fondos de los diferentes gobiernos, y, por ello, bailan a su son.

Segundo, porque los ciudadanos “del Norte” tiene cierto complejo de culpa por ser exitosos y estas organizaciones “se han convertido en los mediadores perfectos entre la cuenta corriente de estos ciudadanos y su tranquilidad de espíritu”. Algo similar sucede con ciertos programas de R.S.E. (Responsabilidad Social Empresarial): salimos a pintar la escuela del barrio o repartimos cuatro refuerzos de mortadela, para luego repartir (sin culpa) los dividendos y bonus de fin de año.

Agrega Nerín: “La clave para que todo este mecanismo funcione de forma eficaz es que el donante nunca sepa exactamente qué se hace con su dinero”. Este buen samaritano “quiere creer que gracias a su donación hay una fuente de agua en un rincón perdido del Sahel, o que se ha erradicado una enfermedad extraña en algún país selvático... No quiere saber que la fuente se ha secado por falta de mantenimiento, ni que las vacunas han resultado ser ineficaces porque no hay heladeras donde conservarlas”.

Es especialmente interesante leer cómo estas organizaciones logran llegar a nuestras billeteras mediante efectivas campañas de marketing: “se deben presentar problemas muy simples y ofrecer soluciones también muy sencillas. Los mensajes de las ONG son breves, simples, emotivos … Y para conseguirlo, nada mejor que ofrecer imágenes impactantes: niños con vientres hinchados, casas arrasadas por huracanes, inundaciones que arrastran cadáveres putrefactos... La imagen debe ser lo suficientemente directa para que quien la vea se sienta aludido de inmediato”. 

Por supuesto que Nerín reconoce que no todos los “cooperadores” son unos bandoleros de guante azul (por el logo azul de Naciones Unidas), pero la regla parece ser que el gran objetivo no es sacar a África de su subdesarrollo congénito, sino el de fomentar el deseo de “cooperar por cooperar” y estas organizaciones se encargan de canalizarlos a través de proyectos que se venden muy bien a los ojos occidentales. 

Para muestra un botón. Dejemos África por un momento y vengamos a América Latina. Piensen todo el dinero que ha recibido Haití de “ayuda humanitaria” en los últimos años y comparémoslo con los U$D 13 mil millones (hoy serían unos 150 mil millones) que recibieron 18 países europeos para reconstruirse luego de la segunda guerra mundial (dinero que puso que el “imperialista” Estados Unidos a través del Plan Marshall). Según el New York Times, Haití recibió también 13.000 millones de dólares desde el terremoto del 2010, “sin embargo, en vez de la construcción nacional que supuestamente se lograría con el dinero recibido, en años recientes las instituciones de Haití se han vuelto cada vez más vacías”.

La BBC de Londres (que de derechista o neoliberal no tiene un pelo) entiende que todo ese esfuerzo no sirvió para casi nada “porque que no existe un modo sistemático y riguroso que analice en qué y cómo se ha gastado el dinero de esas ayudas internacionales” y, además, porque “Haití es uno de los países más corruptos del mundo”.

Cuando esta noche vea un nuevo y conmovedor aviso pidiendo su dinero para una nueva “ayuda humanitaria”, piénselo dos veces. Ya los gobiernos del mundo les quitan bastante dinero a sus contribuyentes mediante “impuestos” (que bien saben despilfarrar), como para seguir financiando sus desmadres con aportes “voluntarios”. Luego no nos quejemos si Nerín nos trata de papanatas. 

Y si aún tiene dudas, mejor no done nada.






jueves, abril 13, 2023

NO DICE NADA Y LO DICE TODO


NO DICE NADA
Y LO DICE TODO

por Guillermo Sicardi - Semanario Búsqueda - jueves 13 de abril de 2023.

Foto tomada de Old Photos (1)

Esta foto no dice nada. Y, sin embargo, lo dice todo. Fue tomada en Arkansas, Estados Unidos, en el año 1935, todavía sufriendo los coletazos de la gran depresión del ´29.

Miren la cabaña detrás de la pareja. Es una edificación muy básica, seguramente construida con sus propias manos. Es de madera. Y apuesto a que cada tabla fue aserrada con el sudor de ambas frentes. 

Miren al hombre. Su ropaje se ve gastado y hasta un poco sucio. No por desidia ni malos hábitos de higiene, sino por su arduo uso. Probablemente también por no tener otras que intercambiar, ni tiempo para lavarlas y esperar que sequen. Es que hay que trabajar. No hay almuerzo gratis.

Miren su postura. Se lo ve cansado, mas no derrotado. Sus ojos apuntan firmes hacia adelante. No miran atrás (quejándose del pasado); ni miran al costado (eludiendo la responsabilidad del presente); y menos aún, no miran hacia abajo, en señal de claudicación. Miran hacia el porvenir (por-venir), ese lugar donde vamos a pasar el resto de nuestras vidas y que es nuestra responsabilidad -al menos- intentar moldearlo. Esa mirada parece entender que “son tus decisiones, no tus condiciones, lo que determinará tu futuro”.

Miren a la pareja.  No los unen las posesiones, puesto que nada poseen. Tampoco parece unirlos la obligación tribal, el afán de poder o las necesidades primarias. Los une el amor y el futuro. ¿La prueba? … La mujer está embarazada.

Miren sus posturas. No están tomados de la mano. Están juntos, pero separados. “Yo soy yo, tú eres tú”. Estamos unidos en matrimonio por mutuo deseo y conveniencia genuina. Pero cada uno es libre. Ese es el espíritu que hizo grande a Estados Unidos basado en los valores liberales de los Founding Fathers. 

Miren a la mujer. Está parada al lado de su marido. Codo con codo. Pero el marido no tiene un brazo sobre su hombro (en señal de protección al indefenso) y tampoco la abraza como a un objeto (en señal de posesión). Eso es respeto mutuo. Eso es la mejor expresión del mejor feminismo. Esta mujer no precisa usar pañuelos verdes ni mostrar sus pechos para mostrar su valía. La irradia.

Miren los hombros de esta mujer. Están caídos. Seguramente cansada por cargar tanto peso, tanta angustia y tanta responsabilidad. Pero miren también sus ojos, como si fueran la otra cara de la misma moneda. Están firmes y señeros, determinados a salir de tal situación. Porque ni la pobreza ni la angustia son una “condición” (permanente) sino una “situación” (transitoria).

No imagino a esta pareja haciendo la fila en el Mides para vivir de un subsidio, ni pretendiendo vivir del esfuerzo ajeno o reclamando que paguen más los que tienen más. Sí la imagino recibiendo una ayuda realmente “solidaria”, cuya definición oficial es: “adhesión circunstancial a la causa o empresa de otros” (2), es decir, un apoyo transitorio a un proyecto o “causa” específica.

Miren a estos valientes. No parecen ni violentos, ni patoteros, ni agresivos. Simplemente se los ve libres y bravos. Por eso esta foto fue tomada en 1935 en Arkansas, Estados Unidos, esa magnífica nación (hoy magullada) que supo ser “the land of the free and the home of the brave”. (3)

Esta foto no dice nada. Y, sin embargo, lo dice todo. 

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(1) https://www.facebook.com/photo?fbid=617284967111759&set=a.613736567466599 

(2) Diccionario de la Real Academia Española -  https://dle.rae.es/solidaridad?m=form

(3) “la tierra del libre y el hogar del valiente”, parte de la letra del himno de Estados Unidos titulado “The Star-Spangled Banner” (La bandera llena de estrellas).






viernes, marzo 31, 2023

TOO BIG TO FAIL.


TOO BIG TO FAIL
por Guillermo Sicardi - Semanario Búsqueda - jueves 30 de marzo de 2023.


Otra vez tenemos bancos que se funden por asumir riesgos desmedidos. Otra vez tenemos jerarcas bancarios que se llenan los bolsillos con ganancias obscenas, aun cuando dejan un tendal de deudas. Otra vez tenemos gobiernos y bancos centrales que salen a rescatar a esos bancos y a esos banqueros, con el cuento que están salvando a la economía. Otra vez aplica la máxima “too big to fail” (demasiado grande para dejarlo caer). Otra vez el pato de la boda somos “los nabos de siempre”, los incautos, rehenes e indefensos contribuyentes. ¿Hasta cuándo?

Las políticas de rescate bancario han sido tema de controversia en todo el mundo durante años. La idea detrás de esta política es que ciertos bancos son demasiado grandes y sistémicos para permitir que quiebren, ya que su colapso podría desencadenar una crisis financiera en la cadena de pagos.

Recientemente, dos importantes bancos han requerido de rescates: el Credit Suisse y el Silicon Valley Bank. En el caso de Credit Suisse (uno de los más antiguos del sistema), ha sufrido pérdidas millonarias debido a varias malas decisiones y últimamente a su exposición al fondo de cobertura Archegos, lo que llevó a la renuncia de su CEO y a la necesidad de una inyección de capital de miles de millones de dólares para evitar un colapso mayor. Dinero que no alcanzó y terminó siendo absorbido por el banco UBS (con la ayuda del gobierno).

Por su parte, el Silicon Valley Bank, que se enfoca en financiar empresas tecnológicas en crecimiento (start ups), también ha necesitado ayuda financiera tras sufrir pérdidas significativas en sus inversiones. Este banco ha recibido un préstamo de emergencia por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, que también se fue como arena entre las manos.

Estos casos han vuelto a poner en el debate la cuestión de si los bancos "demasiado grandes para caer" merecen ser rescatados con dinero de los simples contribuyentes. Mientras algunos argumentan que la estabilidad financiera es primordial y que es necesario evitar una crisis que afecte a toda la economía, otros sostienen que estos bancos deberían ser responsables de sus propias decisiones y asumir las consecuencias de sus errores.

Además, esta política ha sido criticada por haber creado incentivos perversos en la industria financiera. Al saber que pueden contar con un rescate gubernamental en caso de problemas, los directivos bancarios se ven tentados a asumir riesgos excesivos, los cuales están atados a sus millonarios bonus. 

Este fue el caso de la famosa “crisis de las hipotecas” del 2008 en Estados Unidos. Los grandes culpables no fueron los “especuladores” de Wall Street, sino dos agencias gubernamentales: Fannie Mae (Federal National Mortgage Association) y Freddie Mac (Federal Home Loan Mortgage Corporation) creadas en la década de 1930 para respaldar y estabilizar el mercado de la vivienda y los préstamos hipotecarios y terminaron distorsionando todo, al darle crédito a cualquier zaparrastroso con el cuento de que tienen derecho a acceder a una “vivienda digna”. Esos préstamos basura se juntaban en una bolsa con otros préstamos de mejor calidad y en el paquete global lograban que las calificadoras de riesgo les dieran un buen puntaje. Puro verso. Cuando la economía se frenó un poco, millones de personas dejaron de pagar sus cuotas hipotecarias y los valores de las propiedades cayeron como un piano. Los banqueros y operadores que armaron esta suerte de “esquema Ponzi”, salieron ilesos y con los bolsillos llenos.

En Uruguay también se rescataron bancos que estaban pésimamente gestionados, como el Caja Obrera, intervenido por el Estado durante más de una década y con ratios de gestión que daban vergüenza. Pero la culpa es del chancho y también de quien le rasca el lomo. Recuerdo perfectamente encuestas realizadas por el año 2000 donde se le preguntaba a la gente qué tenía en cuenta para elegir un banco donde dejar sus depósitos. El principal argumento era “la cercanía”. Es decir, dejo mi dinero en el banco que me queda en la esquina de casa, no importa si lo gestionan unos incompetentes, no importa si tiene cientos de empleados más de los necesarios, no importa, nada, total, si se funde, viene Papá Estado y me devuelve el dinero.

Recuerdo muy bien la crisis del 2002. Un amigo tenía 50.000 dólares en el Banco Montevideo, que le pagaba como un 10% anual, y yo (un nabo de siempre) tenía unos dólares en el Santander al 2,0% anual. Es que el Montevideo colocaba el dinero en Argentina, asumiendo el riesgo de ese país manejado por borrachos sin control. Luego el banco quebró y mi amigo se sumó a las “movilizaciones” para recuperar su dinero (por supuesto con dinero mío, a través de los impuestos que compulsivamente me quita el matón del barrio: el Estado). Pero mientras él disfrutó de ese 10% (y yo dejaba de ganar un 8%), mi buen amigo jamás se ofreció a pagar el colegio de mis hijos, ni ponerle nafta a mi auto o mandarme un surtido del supermercado. Luego, los nabos de siempre, sí tuvimos que encargarnos de pagarle esas cuentas a mi amigo, cuando los buenistas políticos armaron un esquema para devolverle sus ahorros. 

Al próximo banco que se funda hay que dejarlo caer. Y que los clientes de ese banco aprendan a analizar quienes son los que están al mando, que las consultoras, analistas, calificadoras de riesgo, periodistas y el Banco Central, informen día a día y al detalle cada operación y muestren la currícula de su personal, desde el CEO hasta el portero.

Si la humanidad ha superado guerras, hambrunas y el flagelo del comunismo durante décadas, bien que puede “bancarse” la caída de un banco. Y de dos y de tres, también.

Algún día hay que parar con esta sangría y con los argumentos fatalistas de todos los opinadores que, de una u otra manera, están interesados en tener a esos bancos de clientes, de anunciantes, de financiadores de campañas políticas, o, al menos, no tenerlos en su contra.



viernes, marzo 24, 2023

CONTROL DE PRECIOS: TROPEZANDO CON LA MISMA PIEDRA


CONTROL DE PRECIOS: TROPEZANDO CON LA MISMA PIEDRA
por Guillermo Sicardi - Semanario Búsqueda - Jueves 23 de marzo de 2023.

“El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Creo que el autor de esta frase se queda muy corto: hace 4000 años que venimos tropezando con la piedra del control de precios y salarios, creyendo que este mecanismo va a controlar la inflación. A pesar de la contundente evidencia empírica a través de los siglos (no de los años), los políticos siguen creyendo que los precios pueden fijarse por decreto y así, hacer feliz a la gente.

La inflación no es (como nos enseña la academia socialista que domina nuestras facultades) “un aumento generalizado de los precios”, donde el gran culpable es siempre el “empresario especulador” que “explota” al incauto y débil consumidor, sino que la inflación es un fenómeno monetario, una pérdida del valor del dinero local (pesos en nuestro caso) por culpa de la mayor emisión y ésta, por culpa del déficit fiscal (el Estado gasta más de lo que recauda). Por lo tanto, para ajustar la inflación, hay que poner los precios a raya, obligándolo a que los comerciantes fijen “precios justos” y que tengan una “ganancia razonable”. ¡¿Qué diantres significa precios justos o ganancias razonables?! ¿Justos y razonables para quién? ¿Para Hugo Chávez?

Quienes sostienen este disparate parten de la base del pensamiento marxista de la teoría del valor objetivo (y no subjetivo) de los bienes y de la teoría de la plusvalía. Creen que los precios se basan en sus costos de producción más una ganancia, pero en realidad el precio no lo fija el comerciante sino el consumidor, quien -de acuerdo a sus necesidades, preferencias y poder adquisitivo- decide qué precio está dispuesto a pagar por aquellos objetos que cubran sus necesidades, sean físicas, estéticas, emocionales o sociales.

En el libro “4.000 años de precios y salarios, como no combatir la inflación” (publicado a fines de los años 70 por la Fundación Heritage), los autores hacen un racconto histórico que se remonta a la época del antiguo Egipto y su Código de Hammurabi (“ojo por ojo, diente por diente”) que contaba con un anexo donde fijaba los precios de varios productos alimenticios y también de servicios, como contratar un botero, un pastor o alquilar un buey. 

¿Qué creen que sucedió con “las restricciones comerciales establecidas por ’Hammurabi, el rey protector... que descolla sobre los reyes de las ciudades...’ como se llamaba a sí mismo”? ¿Bajaron los precios? ¿Hubo abundancia? ¿Mejoró la calidad de vida de la población? Nada de esto sucedió. Hubo escasez, aumentaron los precios, los controles fueron terribles y hasta mataron comerciantes por no seguir las pautas del rey. Eppur si muove. Los precios siguieron subiendo.

En Roma, durante el gobierno del emperador Dioclesiano, se dictó en el año 301 DC el “Edicto sobre precios máximos”, que fijaba los precios para 1300 artículos y también los salarios de quienes producían esos bienes con la ilusión de controlar la inflación que se había disparado (cuando no) por un excesivo gasto del Estado. Estableció la pena de muerte para los “especuladores” a quienes culpaba de tales aumentos y hasta les prohibía vender sus productos en otros mercados a mayor valor. 

Los ejemplos siguen en todos los países del mundo y en todos los tiempos. No se salva nadie: ni la culta Europa, ni la milenaria China, ni la atrasada América Latina, ni la capitalista Norteamérica. Todos pecaron y todos siguen pecando.

Sin irnos tan lejos en el tiempo ni en la geografía, veamos que estos mismos absurdos y fracasados argumentos, los utilizan hoy en la Argentina peronista y socialista, 1722 años después de Dioclesiano. Desde militares golpistas, peronistas, kirchneristas, macristas y hasta “el padre de la democracia”, Raúl Alfonsín, recurrieron a este cuchillo sin filo para cortar con la inflación.  Dijo el líder de Chascomús al asumir como presidente:  "Con la democracia no solo se vota, sino que también se come, se educa y se cura". Y tuvo que entregar el poder a Carlos Menem ocho meses antes de terminar su mandado porque la inflación se le fue a más del 3.000 por ciento anual. Un verdadero líder popular.

Aquí, en el Senado de nuestro paisito, se están proponiendo medidas para “que el Poder Ejecutivo considere la renuncia al IVA por seis meses para ciertos productos alimenticios, así como la propuesta para alcanzar acuerdos de precios con el comercio´ (…) ´a efectos de reducir los márgenes de ganancias que se obtuvieron, permitiendo así mantener dentro de los límites aceptables al precio de venta al público´ y ´buscar otros mecanismos que contribuyan a lograr el objetivo de evitar la escalada de precios”. No, no lo propone el Frente Amplio ni el PIT-CNT, sino Cabildo Abierto. Al igual que Alberto Fernández, parece que el general Manini quiere iniciar la guerra contra la inflación. Con estas armas, no duden que la va a perder. Y con rendición incondicional incluida.

Se dice que “Brasil es el país del futuro. Y siempre lo será”. Bueno, con estas desatinadas iniciativas podemos parafrasear diciendo: “Uruguay es un país socialista y estatista. Y siempre lo será”.


miércoles, marzo 22, 2023


NAYIB BUKELE: EL SALVADOR
por Guillermo Sicardi - Semanario Búsqueda - Jueves 16 de marzo de 2023


La tasa de homicidios en El Salvador bajó de 51 homicidios cada 100.000 habitantes en 2018 a 15 homicidios cada 100.000 habitantes en 2021 (y hoy este guarismo debe ser aún menor, ya que hace más de 300 días que no se registra un solo asesinato). En un país asolado por 12 años de guerra civil, malos gobiernos de izquierda (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional – FMLN) y también de derecha (ARENA – Alianza Republicana Nacionalista) y luego por las violentas pandillas (maras), la caída en los delitos tiene una sola explicación: Nayib Bukele.

Para comparar, tengamos en cuenta que Uruguay (un país de llanuras suavemente onduladas, una población de apenas 3,5 millones de habitantes, una clase media robusta y un sistema democrático sólido) tiene una tasa de homicidios de aproximadamente 12 muertos cada 100.000 habitantes. En El Salvador viven más de 6,5 millones de personas en un territorio que es casi 9 veces más pequeño que Uruguay, apenas 21.000 km2 vs los 177.000 de nuestro “paisito”. Su PBI per cápita es de apenas U$D 4.500 vs. los U$S 18.500 nuestros. La tasa de analfabetismo es de 6.6% en todo el país y llega al 15,7% en el área rural, mientras en Uruguay es de apenas el 1,5%. En materia de percepción de corrupcion, ocupan el lugar 118 entre 180 países evaluados y Uruguay el lugar 18.

Estos pocos datos comparativos nos muestran que, a pesar que El Salvador es un país más pobre, más ignorante, más superpoblado y mucho más corrupto que el nuestro (todas condiciones favorables para que surja el delito), la tasa de homicidios es similar y los uruguayos no logramos controlar, gobierne quien nos gobierne.

El éxito de Bukele es que aplicó normas claras y firmes contra los delincuentes (en especial contra las pandillas) quienes controlaban barrios enteros, manejaban el narcotráfico, chantaje a los comerciantes y ciudadanos a quienes pedían una suerte de “impuesto” a cambio de no matarlos a ellos o a sus familias (tal como hacía la mafia en Estados Unidos).

El éxito de este plan se basa en estas acciones:

• Un Plan de Control Territorial, que tiene como objetivo “ocupar” el territorio por parte del Estado, fortaleciendo las instituciones de seguridad, la implementación de programas sociales y la inversión en infraestructura. 

• Utilizar a las Fuerzas Armadas como herramienta de seguridad para combatir a las maras, quienes estaban mejor equipadas que la propia policía, dado el dineral que manejan.

• Duro combate al narcotráfico, mayoritariamente manejado por las propias pandillas, confiscando sus bienes, arrestándolos y  extraditando sospechosos a Estados Unidos (recuerden que estas “maras” surgieron en los barrios de Los Angeles por emigrantes salvadoreños, como la M13, la M18 o la MS Mara Salvatrucha).

• Control migratorio estricto que incluye la construcción de barreras físicas en la frontera con Guatemala y la implementación de medidas para limitar la entrada de migrantes.

• Uso de tecnología de última generación para mejorar la seguridad, como la implementación de cámaras de vigilancia y la creación de una aplicación móvil para denunciar delitos en forma anónima

• Y tambén acaba de inaugurar una gigantesca, moderna y segura cárcel que puede albergar más de 50.000 reclusos.

Los “buenistas” del mundo que ocupan cargos en ONG´s, organismos defensores de derechos humanos, iglesias, universidades o el medios de comunicación, están horrorizados con las políticas de Bukele. Les parece horrible que los presos apenas cuenten con una muda de ropa, que duerman sin colchones, que no puedan usar celulares ni ver televisión y que coman tortilla de maíz y frijoles, sin nada de pollo; a lo que Bukele les responde que los muertos que ellos asesinaron duermen sobre lápidas más frías o que mientras haya niños, embarazadas o ancianos que ni siquiera comen tortilla y frijoles, él no va a destinar recursos públicos para los delincuentes, hasta no mejorar las condiciones de vida de los honestos. De hecho, les cobra unos U$S 170 por mes por el “alojamiento” que ocupan.

Parte de las medidas fue decretar el estado de sitio, limitando algunos derechos ciudadanos lo que para muchos amenaza el "mantener el estado de derecho". Por supuesto que hay que defender el estado de derecho, pero el problema es que el estado de derecho anterior (en forma similar a lo que sucede en Uruguay) ha estado más al servicio de los delincuentes que de los honestos. Si bien los buenistas están en contra de Bukele, los salvadoreños parecen aceptar de buena gana sus políticas, ya que cuenta con más del 91% de aprobación. Para ellos, Nayib Bukele es “el salvador” (de la muerte, el miedo y la corrupción).

Y no crea que Bukele es hijo de la “derecha rancia”, de la oligarquía o es militarista. Si bien es hijo de un próspero empresario y tiene dinero suficiente como para donar su sueldo de presidente para financiar becas de estudio, Nayib Bukele fue Alcalde dos veces fichando por el FMLN y su agencia de publicidad manejó las campañas electorales de candidatos de izquierda y comunistas.

Esto no se arregla con paños tibios. Mire lo que es un “marero”. Mire su rostro y su cuerpo, tatuado hasta el último rincón con signos de muerte y violencia. Mire lo que son sus códigos éticos, entre los cuales está el asesinar a sangre fría a un transeunte cualquiera como prueba de “iniciación” a esa mafia. Mire si están arrependidos. Mire como ellos sí aplican la pena de muerte todos los días, pero sin jueces, ni abogados, ni garantías. Mire cómo se comportan con sus congéneres. No parecen humanos, sino más bien animales. Y no cualquier animal, sino unos violentos, salvajes e indomesticables.

Si usted cree que puede tener una hiena como mascota en su casa, entonces crea que estos pandilleros pueden ser recuperados con clases de yoga, comida vegana y música clásica. Y en ese caso, acepte la oferta de Bukele: le ofrece pagarle el viaje a cualquier marero hasta la puerta de su casa. Usted lo aloja junto a su linda esposa y su adolescente hija. Seguro que vivirán felices y comrán perdices. Los buenistas del mundo se lo agradecerán.






DE TÍTULOS Y DE INTITULADOS


DE TÍTULOS Y DE INTITULADOS
por Guillermo Sicardi - Semanario Búsqueda - Jueves 9 de marzo de 2023.

Desde hace ya muchos años, las mejores empresas vienen cambiando sus métodos de selección de personal, poniendo más énfasis en el conocimiento "real" y la experiencia práctica de los candidatos que en los títulos académicos que exhiban.

El 8 de diciembre de 2016 escribí en Búsqueda la siguiente columna: "¿Diplomas o neuronas? That is the question", donde comentaba que "el jefe de RRHH de Google, Lazlo Bock, es tajante: 'El expediente académico no sirve para nada[i]'. Y parece que cada vez tiene más razón. 

Lo que dice Bock no es que la educación no sirva (de hecho, Google pide títulos de PhD y 15 años de experiencia para contratar puestos clave[ii]), sino que no es una condición absoluta para acreditar la capacidad del individuo de ejercer un cargo con solvencia.

Leí hace poco en el diario El País de Madrid [iii], una entrevista a David Roberts, un especialista en tecnologías disruptivas y profesor en Singularity University, quien prevé que 'el 50% de las Universidades del mundo van a desaparecer'. 

Y esto es así porque el modelo de “acreditación” de conocimientos que hace una Universidad con el control del Estado, 'ya no tienen sentido porque en los cinco años que suelen durar los grados, los conocimientos se quedan obsoletos. Nosotros no ofrecemos grados ni créditos porque el contenido que enseñamos cambia cada año'.

En Singularity University no entregan diplomas. (¡pobre Papá y Mamá que no podrán sacarse la foto con el título del nene!). 'Nosotros vamos más allá. Ofrecemos una experiencia que cambia tu mentalidad, que transforma a la gente y cuando se marchan no vuelven a ser los mismos'.

Dice Lazlo Bock: 'Las razones que han llevado a Google a dejar de valorar el expediente académico como criterio de contratación tienen que ver con la desconexión existente entre lo que se enseña en la universidad y el trabajo que se realiza en la compañía'. 

'Después de dos o tres años', asegura Bock, 'tu habilidad para desempeñar tareas en Google no tiene ninguna relación con lo bueno que eras en la escuela, porque las habilidades que se piden en la universidad son muy diferentes'." 

Hasta aquí la columna escrita hace más de 6 años.

A pesar de esta contundente tendencia, muchos de nuestros políticos (mayoritariamente los frenteamplistas) se empeñan en mentir, agrandar o tergiversar títulos universitarios que no tienen, y si los tienen, pretenden hacerlos pasar por algo mucho mejor de lo que son.

El caso más patético fue el de Raúl Sendic, arguyendo un diploma en genética humana salvado con medalla de oro en Cuba, cuando la propia Universidad de La Habana dijo que ese título no existía en su oferta académica (era apenas un cursito de algunas semanas o meses). Por otro lado, el caso más leve fue el del ex ministro Adrián Peña, quien habiendo salvado todas las materias de su licenciatura en administración de empresas, omitió un trámite formal, pero igual firmaba como titulado. 

Más allá de las formas (que siempre importan y más cuando se maneja la "cosa pública"), la sustancia está en los contenidos. ¿Qué sabía Sendic de gestión empresarial para haber ocupado nada menos que la presidencia de ANCAP y el Ministerio de Industria? ¿Qué se puede acordar Adrián Peña de materias que rindió hace 20 años?. 

Lamentablemente a Juan Pueblo estos asuntos poco le importan. Sendic tuvo que renunciar, no por fundir ANCAP (a la que hubo que capitalizar en 800 millones de dólares), sino porque se compró un colchón y dos trajes de baño con la tarjeta corporativa. De exigirles a nuestros políticos metas, objetivos y resultados, mejor ni hablemos.

Bien diferente funciona esto en Nueva Zelanda. Desde el año 1988 (¡35 años!) cuentan con una ley que determina cómo elegir a los jerarcas públicos, y lo hacen con empresas privadas de selección de personal quienes evalúan a los candidatos por su currícula y también por el plan de trabajo que proponen. Luego, son evaluados por los resultados tangibles obtenidos y también por sus competencias actitudinales y en base a tal evaluación reciben bonos, les renuevan el contrato o los despiden.

Cada vez que hablo de compararnos con Nueva Zelanda, la mayoría de los mediocres yoruguas (de absolutamente todas las tiendas políticas y de todos los estratos socio económicos y culturales) dicen que es imposible. Qué "ellos" son sajones, que son "culturas" diferentes y que hasta su ubicación geográfica los hace distintos.

¡Pamplinas! Aceptar estos argumentos es condenarnos al fracaso por los siglos de los siglos. Es aceptar que tenemos un determinismo genético (como nuestros genes son españoles, italianos o franceses, estamos condenados a ser burócratas, desprolijos y dicharacheros). O que estamos condenados a un determinismo social, donde si mi entorno de familiares, amigos o vecinos predominan los ladrones, entonces yo no tengo otra opción que ser un ladrón, y mis hijos y mis nietos seguirán igual destino. Lamentable verse así al espejo 

Por último, no podemos dejar de mencionar que en esto de los títulos truchos hay gradientes y todos perdieron el examen ante la ciudadanía, unos con 0/100 otros con 69/100 (siendo 70 el mínimo de aprobación).

Perdieron los directamente involucrados y también perdieron la Universidades que expiden o controlan tales títulos. Lo hizo la Udelar en el caso de Olesker y la Católica en el caso de Peña. Demoraron muchísimo en aclarar ambas situaciones, lo que no sólo afecta a sus alumnos o graduados, sino que también afecta a la institucionalidad del sistema académico.

Pero no nos dejemos llevar por las formas, sino que pongamos la prioridad en los contenidos. Elijamos políticos, jerarcas y funcionarios con las cualidades necesarias para gestionar, evaluemos objetivamente sus desempeños y repartamos premios y castigos en base a méritos y resultados. Esto nos hará mejores. Esto nos hará crecer en serio. Basta de hojarasca.


viernes, marzo 03, 2023

HACER DE URUGUAY UNA GRAN ZONA FRANCA


HACER DE URUGUAY UNA GRAN ZONA FRANCA.

por Guillermo Sicardi | Semanario Búsqueda | jueves 02 de marzo de 2023.


Hace ya muchos, muchos años, asistí a una conferencia del Esc. Álvaro Mastroianni (por ese entonces director nacional de Zonas Francas), en el hermoso edificio que ocupaban en la calle Acevedo Díaz y 21 de Setiembre, a pasos del Parque Rodó. La charla era para explicar las ventajas del régimen de zonas francas y las reformas que proponía el gobierno del Dr. Julio María Sanguinetti para potenciarlo. También recuerdo que el Frente Amplio se oponía tenazmente, como se opuso luego a la ley de puertos, a la ley de forestación, a desmonopolizar el Banco de Seguros del Estado y a tantas otras iniciativas, de las que luego supo sacar buen provecho.

En esa charla Mastroianni hablaba de las ventajas de un régimen donde no regían los monopolios estatales (y por lo tanto podías contratar seguros, comprar combustibles o proveerte de energía eléctrica sin pasar por las voraces fauces del Estado), así como las ventajas fiscales de operar dentro de la zona y evitar ser esquilmado por impuestos. 

Luego de mostrar cómo estos regímenes prosperaban en el mundo entero y lo genial que era este sistema, recuerdo que yo le pregunté: “pero si este régimen es tan fantástico ¿por qué no transformar a todo el Uruguay en una gran zona franca?”, a lo que me respondió que estaba de acuerdo.

Hoy, tres décadas después, sigue teniendo razón. En la edición de Búsqueda de la semana pasada, hay una nota que recoge comentarios del Cr. Sebastián Pérez (asesor económico de la Cámara de Industrias) sobre el crecimiento de la actividad en las zonas francas y el estancamiento de la actividad industrial fuera de las mismas (el llamado “núcleo duro” de la actividad industrial). Dice Pérez: “Cada día que pasa, la importancia que tienen las zonas francas dentro de la industria es mayor … actualmente, más de un cuarto (27%) del valor de producción industrial se genera en las zonas francas”.

Por otro lado, la actividad industrial tradicional en territorio no franco, está prácticamente estancada desde el año 2006, donde hubo una gran extranjerización de las unidades productivas, inversión en equipamiento y tecnología (con la consiguiente menor contratación de mano de obra) y la mutación de industriales en importadores.

¿Por qué se da este fenómeno? ¿Por qué trabajar en una zona franca (y en especial en Zonamerica) es como estar en el paraíso? Pérez lo resume así: todos los beneficios (laborales, salariales o impositivos que tienen los que operan en zona franca) son “a costa de que no les cobremos un peso de impuesto a la renta, de que le hacemos un marco legal como si no estuvieran en Uruguay y además, nos cuesta plata poner la infraestructura al servicio de ellos … ¡Qué dejamos para el que está en territorio nacional!

Comparto lo que afirma el Cr. Pérez, al punto tal que el 5 de octubre de 2017 escribí la columna “¿Y si a todos nos trataran como a UPM?” donde sostenía que si a un tambero, a un panadero o una pequeña fábrica, les dieran el mismo régimen que el Frente Amplio le dio a UPM, no tengo dudas que la inmensa mayoría de los comerciantes se aventurarían a invertir más, a desarrollar nuevos proyectos y a contratar más gente. Pero con el régimen impositivo, burocrático y laboral actual, esta faena queda reservada para los muy osados.

No puede ser que un proyecto sea viable sólo cuando el Estado le quita sus pesadas garras de encima. Por eso existe el régimen de promoción de inversiones, el cual no debería existir, porque solo beneficia a proyectos de cierto porte y, en realidad, toda inversión es bienvenida, sea la de un jardinero que cambia su cortadora de pasto, hasta quien construye una planta de pasta de celulosa.

En los últimos años “hay pocos fenómenos de reconversión (de industrias y/o modelos de negocios). Al revés, diría que la típica reconversión industrial fue cerrar la fábrica y pasar a ser importador”, concluye en la nota el asesor de la Cámara de Industrias.

Por eso es cada vez más cierto esa frase que dice: “el Estado te quiebra las piernas y luego tienes que agradecerle que te de unas muletas”. ¿Cuándo vamos a terminar de aprender que el Estado casi nunca es la solución y casi siempre es el problema?



EDUCACIÓN FINANCIERA Y RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL.


EDUCACIÓN FINANCIERA Y RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL.

por Guillermo Sicardi | Semanario Búsqueda | jueves 23 de febrero de 2023.

Los uruguayos (y los latinos en general) tenemos una mala relación con el dinero. En parte tal vez sea por nuestra formación cristiana, donde el dinero es algo mal visto, al punto tal que la propia Biblia dice: “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos” y el actual Papa Jorge Bergoglio es muy crítico del capitalismo.

Hace más de veinte años el psicólogo Gustavo Ekroth escribió el libro El evangelio según San Dinero, donde traza varios aspectos de nuestra relación con el vil metal, asegurando que una buena relación con el dinero es clave para nuestro bienestar, clasificando varios tipos de dinero, como el dinero servil, el dinero débil o el dinero fácil y las consecuencias que cada uno acarrea.

También el famoso best seller de Robert Kiyosaki, Padre rico, padre pobre, trata sobre los aprendizajes financieros que recibió de su padre “pobre” (su padre natural, que no era pobre económicamente sino en su actitud hacia las finanzas) y de su padre “rico” (que era el padre de un amigo) quien en realidad era menos rico (en términos materiales) que su propio padre, pero tenía “mentalidad de rico” y al final logró amasar una enorme fortuna.

También ciertas posturas políticas -en especial de la gente de izquierda- que ven al dinero como algo espurio y a los “ricos” como gente malvada que “explotan” a los pobres trabajadores indefensos quedándose con parte de su esfuerzo y por eso hay que eliminarlos (aunque luego vemos a muchos de estos profetas integrar la “izquierda caviar” y acumular inmensas fortunas mediante la corrupción y el saqueo).

Por todo esto y mucho más, es muy bueno que el Banco Central del Uruguay haya firmado un convenio con la ANEP (Administración Nacional de Educación Pública) para darles a los jóvenes la educación financiera necesaria para planificar mejor sus vidas y hacerse responsables de su futuro, gestionando mejor sus ingresos y evitando depender del Estado o de limosnas.

Parte de esta mala educación financiera que tenemos, se manifiesta en dos temas que hoy están sobre el tapete: la enorme cantidad de personas endeudadas (lo que motivara un proyecto de le de Cabildo Abierto para evitar las ejecuciones y cobros de intereses y gastos judiciales abusivos) y el quebrado sistema de jubilaciones.

El gran endeudamiento que tienen los uruguayos se debe principalmente (a mi modesto entender) a tres motivos: primero, la inmadurez que nos lleva a no poder “postergar la recompensa” y querer consumir todo ahora, sea ropa, celulares, viajes o cualquier otro asunto que nos brinde placer. Segundo, la equivocada creencia que es el consumo -y no el ahorro y la inversión- lo que genera crecimiento Y, por último, el desconocimiento que tenemos para evaluar si nos conviene más una oferta contado que una a crédito, entender cómo se componen los costos ocultos en la cuota de cualquier préstamo, o cómo nos “engatusan” con atractivas promociones de créditos fáciles o baratos y terminamos pagando fortunas.

En cuanto al desfinanciamiento del sistema jubilatorio, una parte importante se debe a que el Estado prácticamente no permite formas de ahorro individual a largo plazo, ya que, sabiendo que la gente no sabe como gestionarse, no quieren luego hacerse cargo de miles de viejitos indigentes y por eso nos obligan a hacer aportes a un sistema que casi nunca ha funcionado bien. Por eso muchos uruguayos han recurrido a la compra de una “casita” con fines de alquiler, como sistema sencillo para complementar las siempre magras jubilaciones, a falta de otros instrumentos financieros o a falta de conocimiento sobre los mismos.

Al no hacernos cargo de nuestro futuro financiero (“libertad financiera” como la llama Kiyosaki), delegamos esa enorme responsabilidad en el Estado, es decir, en funcionarios y en políticos, lo cual es casi un suicidio colectivo. Más allá de sus siempre declaradas buenas intenciones, lo cierto es que los primeros nunca tienen responsabilidad sobre sus actos fallidos y los segundos, buscan agradar a las masas en el corto plazo, aunque sepan que la bomba explotará a futuro, ese lugar donde ellos ya no estarán, o si están, sabrán cómo encontrar un nuevo culpable a quien cargarle las cuentas (entre otras cosas, por la propia falta de educación financiera de sus votantes).

Por eso hay que celebrar este acuerdo entre el BCU y la ANEP, y cuando un niño ingrese al jardín de infantes a los 5 años, habrá que decirle: bienvenido, dentro de 60 años vas a jubilarte y si no quieres vivir como un pordiosero, más vale que aprendas a gestionar tus ingresos desde ahora.

Enhorabuena a esta iniciativa.



jueves, febrero 16, 2023

NO TRABAJA EL QUE NO QUIERE


NO TRABAJA EL QUE NO QUIERE

por Guillermo Sicardi | Semanario Búsqueda | jueves 16 de febrero de 2023.


“En Uruguay no trabaja el que no quiere”. Esta es una frase que desafía todos nuestros paradigmas, toda la prédica que desde hace décadas pregona la falta de trabajo y todo lo que es políticamente correcto. Incluso yo mismo, cuando escuché esta frase dicha con tanta convicción, mi actitud fue de cierto rechazo y de justificación a los que no encuentran una forma de generar ingresos. Pero no es así. Veamos algunos ejemplos que viví recientemente.

Para el cumpleaños de uno de mis hijos el mes pasado, decidí regalarle un mate personalizado repujado en alpaca y bronce, donde puedes ponerle el nombre, logos, escudos, banderas, letras o los símbolos que quieras. Fui personalmente para ver “en vivo y en directo” los trabajos y explicar lo que quería. Me encontré con una verdadera empresa familiar: estaba el abuelo (de unos 65 años) que era el “Maestro Repujador”, su hijo (que ayudaba en la logística) y hasta su nieto (de unos 18 años) que estaba aprendiendo el oficio y -además- se encargaba de manejar la publicidad en redes sociales y la relación con los clientes.

También me gustó ver como esta familia (ubicada en un barrio que otrora era bastante “marginal”), habían construido en su pequeño terreno, una casa, luego otra para un hijo y una tercera para la hija, quien modificó el garaje para poner un almacén. Esto me trajo recuerdos de mi familia, de amigos y vecinos, donde era muy común que todos los miembros de la familia trabajaran, sea en actividades remuneradas o bien cultivando una huerta en el fondo de la casa o criando gallinas. Hoy en día, o te persigue el BPS o te acusan de explotación infantil.

La otra experiencia que tuve fue la semana pasada cuando decidí regalarme para mi cumpleaños una placa de hierro tallada en plasma para tapar la cuna donde va la leña del parrillero y así frenar un poco el calor. A estas chapas les puedes incorporar figuras, logos o el texto que desees. Yo me mandé hacer un Atlas sosteniendo el mundo, que además de contar con esta practicidad de frenar el calor, tiene un efecto decorativo magnífico cuando ves el fuego a través del Atlas, el que parece cobrar vida.

La empresa está en Atlántida, en otro garaje de una casa particular. Cuando fui a buscar mi regalo (me lo hubieran podido enviar por courier pero preferí ir personalmente), me encontré con un local extremadamente prolijo, muy bien equipado y los muchachos también hacían juego con ese entorno: lucían remeras con el logo de su emprendimiento y ellos estaban bien aseados y presentables. (Abro paréntesis: ¿cómo puede ser que llame la atención cruzarte con un joven prolijo, bañado y peinado? ¿Será que uno se va acostumbrando a verlos mal vestidos, tatuados como si fueran miembros de una mara salvadoreña o más desorganizados que cajón de sastre?).

El tercer caso trata de un joven que vende tunas por Carrasco. Empezó siendo un niño y hoy ya es un adolescente. El negocio lo comenzó el padre una vez que se quedó sin trabajo ya que no tenía un oficio y tampoco idea sobre lo que podía hacer. Pero en su casa tenía varias tunas que él mismo había cultivado como hobby y decidió comenzar a hacer clones para vender. Quiso el destino que este niño le vendiera una de sus tunas a una periodista de televisión y ella le hizo un reportaje que se viralizó. Pasaron varios años y la familia sigue vendiendo tunas y viviendo de ello. 

Como pueden ver, no estamos hablando de emprendimientos que demanden una gran inversión en dinero o capacidades técnicas excepcionales. Tampoco serán empresas que luego se transformen en “unicornios” y salgan en la tapa de los diarios, como Pedidos Ya, dLocal o NowPorts. Se trata sí de emprendimientos que son grandes (más bien enormes) para cada una de las personas que los llevan adelante ya que les permiten vivir de su propio esfuerzo, de desarrollar su creatividad, de manejar sus tiempos, de trabajar en o desde sus casas y hasta generar empleo.

De estos ejemplos hay por miles, pero no se conocen. “Good news, no news”. Por eso la prensa levanta poco estas notas, los políticos no lo tienen entre sus prioridades y las Cámaras Empresariales (que deberían ser las más interesadas en difundir el rol del comerciante en la sociedad capitalista), están más mudas que una estatua.

Tampoco está en la agenda social ni en la agenda política hablar de los trámites, costos y tiempos que lleva abrir y mantener una empresa. El ranking Doing Business del Banco Mundial ranquea la facilidad o dificultad para hacer negocios (desde la apertura de una empresa hasta su cierre) y en el ranking 2020 (último realizado), Uruguay figura en el lugar 101 de 190 países evaluados. La lista la encabezan Nueva Zelanda, Singapur, Hong Kong, Dinamarca, Corea del Sur y Estados Unidos y la cierran: Libia, Yemen, Venezuela, Eritrea y Somalia. Nuestros vecinos del Mercosur están peor que nosotros: Brasil (124), Paraguay (125) y Argentina (126). 

No solo hay que diseñar los trámites de forma “Simple” (que también es el título del libro del Dr. Jerónimo Frigerio, ya comentado en esta columna del 17.12.2020), sino que hay que modificar la legislación laboral y terminar con el absurdo Consejo de Salarios, como si un grupo de funcionarios, sindicalistas y empresarios pudieran fijar el precio de la mano de obra, como Alberto Fernández y Sergio Massa en Argentina, pretenden fijar el precio de cientos de productos “cuidados” y lo único que logran es más burocracia, corrupción y escasez.

El factor más ríspido y del que nadie quiere hablar sobre la dificultad de conseguir ingresos (mediante el trabajo independiente o bajo relación de dependencia) es la falta de capacidad y de buenos hábitos de las personas. Si analizamos las cifras de los graduados de liceo, vemos que el 60% abandonan y del 40% que terminan, un gran porcentaje no entienden un texto básico. Pero como la inmensa mayoría de las empresas no necesitan contratar a un Einstein, al menos que esta gente con poca formación ponga ganas, ponga actitud, ponga deseos de servir y de superarse. Pero parece que esto también escasea por estos lares. 

Sin embargo, vemos que no hay caribeño que haya venido a Uruguay que no consiga generar ingresos. En cambio, hay unos 150.000 uruguayos desocupados, muchos de ellos cobrando subsidios del Mides o recibiendo varios tipos de ayuda de ONG´s, de Iglesias y de bien intencionados samaritanos que no se dan cuenta que “protegiéndolos” de esta manera, lo único que logran es hacerlos más débiles.

Si simplificamos los trámites para los emprendedores y flexibilizamos las leyes laborales para los dependientes (ambos con “ganas” de salir adelante), cualquiera que quiera trabajar (en las condiciones y por el salario que esas personas consideren les resulta beneficioso), podrán hacerlo.  

Y que sean ellos mismos (no la ley ni el decreto) quienes determinen si ese salario es o no justo, si las condiciones laborales son o no son dignas y si nada les sirve, que puedan emprender por su cuenta sin mayores obstáculos.

“No trabaja el que no quiere”, a lo que habría que agregarle: “o al que le ponen obstáculos que lo desestimulan a trabajar o producir libremente”.